«No metas la gamba que vamos las dos 'pa' dentro»

La acusada, durante el juicio. /  MARIETA
La acusada, durante el juicio. / MARIETA

Los forenses señalan que la muerte del anciano de 94 años cuya nieta está acusada de trato degradante pudo ser por la edad o por la mezcla de medicamentos

C. R. AVILÉS.

El juicio contra la nieta acusada de trato degradante a su abuelo de 94 años, que falleció en 2014 en la casa de Agones en la que residían, quedó ayer visto para sentencia después de que los forenses declararan que su muerte pudo deberse tanto a la edad como a la mezcla de medicamentos, pero no a la dosis ingerida.

La Fiscalía pide que se condene a N. V. F. a un año y nueve meses de cárcel mientras que la acusación particular eleva la petición a los dos años y suma otra por homicidio imprudente de cuatro. Esta es ejercida por su expareja en nombre de su hija, menor de edad y heredera del fallecido junto a su madre. La defensa solicita la libre absolución.

En la segunda vista oral celebrada en el Juzgado de lo Penal Número 2 de Avilés, los testigos de la defensa confirmaron la buena salud del finado, al menos hasta la primera semana de abril de 2014, la última fecha en la que tanto la primera cuidadora de las dos que tuvo el hombre como el suegro de la acusada lo vieron. Esta circunstancia sirvió a la Fiscalía y a la acusación particular, ejercida por la abogada Anatolia Ferrera, para refrendar que el varón se encontraba en perfecto estado de salud a sus 94 años y habría empeorado por la supuesta sobremedicación que la acusada le suministró. Sostienen esta acusación sobre la declaración de la segunda cuidadora, el barbitúrico no pautado por ningún médico que se le encontró en el estómago (aún no había pasado a la sangre) y por los WhatsApp que la acusada envió a la segunda cuidadora. Por ejemplo, el enviado la mañana del día en el que estaba previsto el traslado del anciano a una residencia de Villaviciosa: «Si te llaman para hablar con él, ni lo cojas» que, junto con algunos de la cuidadora en los que preguntaba si podía salir con él, demostraría el control de N. V. F. sobre su vida, sus relaciones y contactos. O los enviados horas después, tras su fallecimiento: «Las pastillas se las tomaba él» o «No metas la gamba que vamos las dos pa dentro».

La abogada Anatolia Ferrera subrayó que el móvil económico de N. v. F. porque «sabía que iba a perder el control sobre las cuentas». «La acusada no le controlaba la medicación, solo para aumentarla» y señaló que dos semanas antes de morir el médico recetó al abuelo un Orfidal al día y cuando la Guardia Civil llegó a la vivienda «solo quedaba una pastilla de una caja de cincuenta retirada solo diez días antes en la farmacia». También le había mandado tomar diez gotas de Haloperidol un único día «y el bote, que contiene más de quinientas, se lo dio en seis días».

José Carlos Botas, abogado de N. V. F., recordó que el delito de trato degradante requiere «una continuidad y una humillación constante a la persona que lo está sufriendo y aquí no hubo eso» y rechazó base alguna para el delito de homicidio imprudente. Afirmó que no había pruebas contra su cliente e insistió en las varias denuncias sobreseídas presentadas por su expareja.

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