Muere a los 61 años Miguel Solís, popular camarero del bar Casa Lalo en Quintes

L. A. R. GIJÓN.

«¡Hombre, amiguinos!». Llegar a Casa Lalo en Quintes y recibir el saludo siempre cariñoso y hospitalario de Miguel formaba parte del ritual del vermú de fin de semana. Recibía con entusiasmo del mismo modo que ponía falta si el cliente habitual se ausentaba por lo que fuera, era su manera de decir «os he echado de menos». Ahora serán los clientes de este popular bar de Quintes quienes echen en falta la sonrisa de Miguel por mucho que sus ausencias reiteradas en lo últimos meses no indicaran nada bueno. Se sabía por Rubén Carriles, el dueño de Lalo, que Miguel estaba enfermo, y que andaba aquejado de dolores y dolencias pero nadie quiso imaginar que el desenlace sería tan rápido. Ayer Miguel Ángel Solís Meana se murió a los 61 años dejando tras de sí el recuerdo de lo que fue, un hombre amable, afectuoso y buen conversador al que gustaba recordar sus andanzas como «porterín» del Gijón Industrial cuando «era jovencín» y al que hubiera gustado ser un gran artista. No había día en Lalo, que no se lanzara por Raphael, su ídolo por antonomasia, o con una copla de Rocío Jurado, a la que adoraba. Después, la clientela, si estaba animada, le seguía; si no, pues a los aplausos se añadía una buena propina que Miguel recibía al grito de «¡boooote!» y así fin de semana tras fin de semana. Memorables fueron también sus actuaciones en algunos locales de Arroes, de donde era natural y desde donde muchos vecinos, al igual que desde Quintes, se desplazaron para darle el pésame a su hermana María Teresa y su cuñado Eduardo Fonseca.

Miguel será despedido a las seis de la tarde de hoy en una ceremonia de celebración de la palabra que tendrá lugar en el tanatorio Gijón Cabueñes, tras la cual sus restos mortales serán incinerados.

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