«Era una persona muy querida»

Manuel Busto, a la izquierda, fue uno de los amigos de Miguel Ángel que portó su féretro. /  E. C.
Manuel Busto, a la izquierda, fue uno de los amigos de Miguel Ángel que portó su féretro. / E. C.

La iglesia parroquial de Villaviciosa acoge una multitudinaria y emotiva despedida al piragüista Miguel Ángel Valdés

E. F. / S. G. A. VILLAVICIOSA.

La iglesia parroquial de Villaviciosa se quedó ayer pequeña para acoger a los cientos de personas que asistieron a darle el último adiós al piragüista maliayo, Miguel Ángel Valdés, quien falleció el pasado domingo en un accidente de tráfico tras colisionar su moto frontalmente contra un coche cuando circulaba por la carretera de El Puntal. Dos agentes de la Policía Local regularon el tráfico y el aparcamiento en las cercanías del templo ante la aglomeración de vehículos que dificultaba la llegaba a la abarrotada iglesia parroquial. A la una del mediodía comenzaba la liturgia. El silencio, tanto en el exterior como en el interior de Santa María, acompañó durante todo el oficio. Las caras de los presentes, rotas de dolor, reflejaban el sentimiento que la muerte de Miguel Ángel Valdés ha dejado en el municipio y, especialmente, en el mundo de la piragua.

Sus compañeros del club Piragüismo Maliayo, junto con Manuel Busto y Milín Llamedo además del presidente, Javier Costales, fueron los encargados de portar el féretro. Entre el público, también se encontraba el presidente del Comité Organizador del Descenso Internacional del Sella (Codis), Juan Manuel Feliz. Desde el altar, Jorge Cabal, comenzó su oratoria señalando que «sentimos esta mañana (por ayer) un dolor muy grande porque hay personas que cuando se marchan dejan en nuestra vida un hueco enorme. Esta presencia tan numerosa expresa que Miguel Ángel pasó por esta vida haciendo el bien».

En un intento por reconfortar a los presentes, el párroco vinculó la ceremonia con la trayectoria vital de Valdés y explicó que «la Iglesia es como una piragua. La Ría de Villaviciosa no se puede atravesar si no es así, cuántas veces la cruzó él... y así la Iglesia será esa balsa que ayuda a comunicar esta vida con la otra y a cruzar esa orilla». Jorge Cabal también reparó en que «llamaba la atención la sonrisa que Miguel Ángel regalaba a todos. ¡Qué bonito! Me gustaría que me recordasen por eso» y comentó que «para sonreír hay que albergar bondad en el corazón porque la verdadera no se puede fingir, sale del alma».

En su homilía, el párroco también hizo hincapié en que «no celebramos que no le vamos a ver, celebramos que nos da pena despedirle así tan rápido y con estas circunstancias tan trágicas». Junto a Cabal, participó en el oficio religioso el anterior párroco de Villaviciosa, Juan Manuel Hevia, quien hace cuatro años fue trasladado a la parroquia de San Pedro Apóstol de Pola de Siero.

El alcalde de Villaviciosa, Alejandro Vega, asistió a dar un último adiós junto a otros miembros de la Corporación, entre los que se encontraba la concejala de Foro, Ana López, y el presidente del PP maliayo, José Manuel Felgueres.

El regidor se mostró conmocionado aún por el suceso. «Hablé con él ese día, el del accidente, en la Regata Internacional Ría de Villaviciosa. Estaba allí apuntando ya que lo organizaba el club al que pertenecía y, pocas horas después, tuvo lugar el accidente. Era una persona muy querida en Villaviciosa, todo el mundo ha sentido mucho su pérdida». Vega comentó además que el Ayuntamiento se pone a disposición de su club «por si tuviera lugar algún homenaje póstumo».

La esposa y la hija de Miguel Ángel Valdés, Inmaculada Barreda y Sara Valdés, respectivamente, asistieron a la ceremonia desde la primera fila de la iglesia, arropadas por familiares y allegados. Según comentaron algunos asistentes, residentes en Villaviciosa y que conocen bien a la familia, «lo están pasando muy mal. Nadie se esperaba un suceso así. Ha sido un duro golpe para la Villa». Tras el oficio religioso los restos de Miguel Ángel Valdés, de 52 años, fueron incinerados.

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