«Hay que quedarse con lo positivo»

«Hay que quedarse con lo positivo»
Guillermo Pelayo, barquillero avilesino. / MARIETA

El barquillero Guillermo Pelayo zanja la polémica con un escrito de agradecimiento

S. G. SALINAS.

Guillermo Pelayo, el barquillero más famoso de las redes sociales, zanjó ayer la polémica surgida el pasado domingo tras ser denunciado por un establecimiento hostelero mientras vendía sus productos en Salinas. El avilesino publicaba en su perfil de Facebook un comunicado en el que agradece las muestras de cariño.

Ayer pedía que se suspendiera la concentración prevista para el domingo en el paseo de la playa al estar pendiente del permiso del Ayuntamiento de Castrillón para vender barquillos fuera de la temporada de verano, una decisión recibida entre sus clientes, vecinos y amigos, que se hicieron eco del deseo del barquillero de pasar página y, a priori, renuncian a la concentración convocada para el domingo. Al terminar el día hacía público su comunicado en el que reconoce que lo sucedido le ha afectado.

«Fue para mí una humillación y un momento muy duro. Pero no seré yo quien señale a nadie con el dedo para arruinar ninguna reputación ni ningún negocio», apuntó Guillermo Pelayo quien, a su vez, insistía en que «hay que quedarse con todo lo positivo y seguir hacia delante haciendo de Salinas una de las playas más bonitas y visitadas de Asturias». En su despedida hace hincapié en el agradecimiento a todas las personas que han estado junto a él en este momento «tan difícil y bochornoso como el que he pasado ambos fines de semana», señaló.

El avilesino agradece las muestras de cariño pero prefiere centrarse en su trabajo

La respuesta de los suyos no se hizo esperar, el comunicado se ha compartido más de 350 veces en la red social y en él se han dejado decenas de comentarios dándole las gracias. Por otro lado, reconoció no sentirse cómodo con todo lo que ha pasado los últimos días y recalcó que «es un hecho lo que sucedió. Gracias a los grandes amigos y clientes que se encontraban conmigo y que hicieron que ese momento tan amargo y desagradable fuese un poco más fácil de llevar. Algo que jamás había sucedido en casi cincuenta años».

De todo lo malo saca «un reconocimiento hacia mí y a una profesión que en los tiempos que corren es dura y difícil de llevar a cabo, y por ello complicado de seguir manteniendo generación a generación». Guillermo Pelayo se ha despedido y ha emplazado a todas esas personas que le han respaldado en este conflicto a seguir probando sus barquillos. «Soy una persona a la que le encanta su trabajo, que es lo que se hacer y a lo que he dedicado mi vida. Disfruto charlando con la gente, sabiendo que mis barquillos endulzan un poquito su vida y de cada sonrisa de los niños cuando me dicen 'Pelayo, un barquillo por favor'».

Con el comunicado zanja la polémica que llevó a decenas de personas a publicar mensajes en las redes sociales a su favor rechazando con ellos la denuncia presentada por el establecimiento hostelero.

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