Sabores de época en Trasona

La carpa se quedó pequeña para acoger a tantos comensales y hubo que sacar mesas fuera.
La carpa se quedó pequeña para acoger a tantos comensales y hubo que sacar mesas fuera. / MARIETA

700 personas disfrutan de la comida de indianos de las fiestas de San Pelayo

J. F. GALÁN TRASONA.

Ramón Fernández fue uno de los corveranos que un buen día de 1918 metió sus escasas pertenencias en una maltrecha maleta y se marchó a las Américas en busca de una vida más cómoda de la que ni siquiera podía soñar en su Trasona natal. Ayer, su nieta María Dolores Gondell regresó a Trasona desde Tampa (Florida, Estados Unidos) para reencontrarse con sus raíces y con la numerosa familia que aún tiene en Corvera. Vestía de época, elegante traje blanco inmaculado rematado con un gran sombrero de paja, atuendo similar al que lucían las setecientas personas que junto a ella disfrutaron de la comida de indianos, una iniciativa surgida en 2014 como homenaje a aquellas gentes que a finales del siglo XIX y principios del XX cruzaron el Atlántico con la misma ilusión que Ramón Fernández.

Aunque la mayoría no encontró mucha mejor suerte de la pobreza de la que huía, hubo quien amasó fortuna. Algunos volvieron años más tarde a disfrutarla a su tierra natal e incluso a compartirla con sus vecinos, construyendo escuelas, casas negocios y hasta iglesias. Son los indianos, de cuyo legado aún quedan en Trasona algunos vestigios en forma de 'casonas'. No muchos, dado que la mayoría fueron demolidas hace algo más de cuarenta años para abrir sitio a la autopista 'Y'.

Ramón Fernández fue de los que se quedó en el Nuevo Mundo. Le fue bien. Se casó con una catalana, tuvo cuatro hijos y nunca se olvidó ni de su tierra ni de su gente. «Envió dinero a su familia para que construyesen aquí una propiedad, un hostal en Fafilán», dijo con orgullo y en perfecto español María Dolores Gondell, doctora y durante años capitán médico en el Ejército de los Estados Unidos de América. No es una extranjera. «Tengo veinte primos aquí, y vengo a visitarlos tres veces al año. Tengo la doble nacionalidad, y me siento una 'muyerina' asturiana».

La idea de celebrar una comida de indianos en Trasona surgió en 2014, y establecerla el día de San Pelayo, ayer, no fue fruto de la casualidad. «Muchos de los emigrantes que se quedaron en las Américas regresaban a Trasona para disfrutar de las fiestas y para buscar pareja con la que compartir su nueva vida al otro lado del charco», explicaron Rosa y Loli Rodríguez. Inspiradas en un álbum de fotos de época en el que aparecían numerosos indianos y en el libro 'Trasona en mi memoria', una serie de relatos sobre la vida cotidiana de la localidad previa a la industrialización escritos por el difunto José Antonio Blanco 'Ton', decidieron que había que recuperar las fiestas y darles un toque indiano. La idea cuajó, y así nació la Sociedad de Festejos de Trasona, presidida por Bernardo Duarte.

Misa y procesión

Los tres disfrutaron ayer como los que más de la misa de San Pelayín, de la procesión y muy especialmente de la comida, celebrada en el prau de la fiesta bajo una gran carpa que se quedó pequeña para acoger a los 700 comensales que se dieron cita. Entre los presentes se hacía notar un nutrido grupo de Mieres, por su acento y por sus pañuelos azules, en los que se leía 'Los Collacios'. «Ya estuvimos el año pasado, y nos gustó mucho, por la gente y por el ambiente. Hoy venimos 34», señaló su portavoz, Paloma Blanca.

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