Una sardinada a rebosar

Las nubes se retiraron por la tarde para dar calor al festival de Candás, que repartió 4.000 kilos de sardinas en una animada edición

Dos de los parrilleros, en plena acción./tarek halabi
Dos de los parrilleros, en plena acción. / tarek halabi
PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADACandás.

Una nube de olor a sardinas a la plancha se extendía ayer desde primeras horas de la tarde por el Parque San Antonio de Candás y congregaba a miles de paladares deseosos de degustarlas. Un año más la villa marinera ponía el broche final a las fiestas de San Félix con su Festival de la Sardina, que en su edición número 68 despachaba más de 4.000 kilos en los puestos de los siete restaurantes presentes y con el mismo éxito de participación popular que en anteriores ediciones.

Las planchas de La Marina (Luanco), El Frontón (Gijón) y de los candasinos Casa Repinaldo, El Xigrín, Brisas Cansasinas, El Nordeste y El Llagarón comenzaron a echar humo desde pasadas las cinco y media de la tarde, mientras los comensales más madrugadores desfilaban con sus platos de media docena (7,50 € ) o la docena completa (12,00 €) hacia las mesas habilitadas en el patio del Polideportivo Municipal o directamente al prau del parque. Sobre las ocho de la tarde, cuando se daban a conocer los ganadores del certamen, todos los fogones andaban a plena máquina, con el mayor momento de afluencia de público.

Entre los que primero se lanzaron a probar las sardinas, el gozoniego Luis Solís, compartía mesa con sus amigos Iliana, Constantin y Juliana Roman: «Soy de Luanco, pero no fallo aquí nunca», afirmaba, elogiando la docena de pescados de los que acababan de dar buena cuenta. Cerca, la ovetense Conchi Fernández, reunía –como tiene por costumbre– a un numeroso grupo de familiares y convecinos de Candás, su lugar de adopción desde hace más de una década, y aportaba a la tradición gastronómica local su propia receta: boroña rellena de sardinas y bonito, para acompañar la merienda que venía de las planchas y la sidra con la que sus invitados se refrescaban.

Por el prau o por las mesas del polideportivo, poco a poco fueron ocupando sus lugares grupos de amigos, familia y peñas como Los Cerveros. «Estamos entreteniéndonos un poco hasta que llegue la hora de probar les sardines», decían. O las gijonesas Adela Rodríguez, Geli Costales, Mercedes Cano, Manuela Martínez y Josefina Alonso, que cambiaban las rutas senderistas en las que se suelen unir por la cita sardinera en el Parque de San Antonio. «Estamos encantadas y deseando repetir», anunciaban. En los fogones, Ángel Luis Antuña, de Casa Repinaldo, estaba encantado con el curso de la fiesta: «El tiempo acompaña y las sardinas están muy ricas este año».

Pasadas las ocho de la tarde, el coordinador del Centro Cultural Teatro Prendes, Alain J. Fernández, desvelaba el nombre de los ganadores de la Sardina de Oro, Plata y Bronce del festival candasín. El jurado, presidido por Pedro Morán, de Casa Gerardo (Prendes), y formado por Luis Alberto Martínez, de Casa Fermín (Oviedo), Juan Rivero, de Casa Tataguyo (Aviles), Abel Terente, de El Asador de Abel (Siero) y por Eduardo Méndez Riestra, de la Academia Asturiana de Gastronomía, tras una cata ciega de las raciones servidas por los restaurantes presentes, concedía el galardón dorado para Brisas Candasinas y los premios de plata y bronce para Casa Repinaldo y El Llagarón, respectivamente, todos locales de la villa marinera.

Era el momento que los menos hambrientos y los habituales más exigentes del festival aguardaban para lanzarse a pedir sus raciones. Entre ellos, el candidato a las primarias socialistas asturianas José María Pérez, acompañado de la alcaldesa de Carreño, Amelia Fernández, y de un grupo de compañeros de la agrupación candasina. Mientras abría boca con un trozo de empanada, el político gijonés, elogiaba la ubicación actual del evento –«Mejor que en el puerto»– y la animación del festival.

En el escenario del prau de la fiesta los sones de la gaita y el tambor y los bailes del Grupo San Félix animaban una jornada que ya desbordaba de alegría y gentío por todas partes, entre platos de sardinas que volaban literalmente hacia los manteles improvisados sobre la hierba o en las mesas del recinto deportivo municipal y los regueros de sidra en los vasos. El postre lo ofrecían, por primera vez este año, los puestos de marañuelas, en los que también se vendían arroz con leche o mantecado de marañuela. Un final dulce para una nueva y exitosa edición del certamen candasín.

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