Vejiga de ciervo y tripa de vaca para mejorar la cosecha con agricultura biodinámica

BELÉN G. HIDALGO CANGAS DEL NARCEA.

No se trata de brujería, pese a que la elaboración de los preparados puede asemejarse a un ritual esotérico. Se emplean vísceras animales para albergar plantas medicinales sometidas a enterramientos o fermentaciones que constituyen sus preparados, sus pócimas. Los expertos en agricultura biodinámica defienden que se trata de un método que trabaja de acuerdo con las energías que crean la vida. «Hay que desmitificar la agricultura biodinámica. Los preparados están dirigidos al suelo y a fertilizar la tierra y desarrollar plantas más saludables», según señaló ayer el experto en agricultura biodinámica Pablo San Miguel en las terceras jornada sobre esta técnica celebrada en la Casa de Cultura de Cangas del Narcea. Estuvo acompañado por el ganadero cangués Segundo Menéndez, la pediatra Felisa Cilla y el astrofísico Eduardo Ojero.

La agricultura biodinámica representa un paso más allá en la agricultura ecológica, pues renuncia al uso de cualquier sustancia química. Para la elaboración de sus preparados, sus seguidores utilizan elementos naturales como manzanilla, ortiga, valeriana, diente de león, cuarzo, arcilla, cal... El ingrediente místico que se asocia a la brujería es el envoltorio que cubre estas sustancias -vejiga de ciervo, cuerno de un rumiante o el intestino de una vaca- que exponen a las inclemencias del tiempo y, posteriormente, entierran durante un periodo que va desde los seis meses hasta el año.

«Pasado este tiempo, se extraen del envoltorio y se inoculan dos o tres gramos a los montones de estiércol, a los que se añade tierra. Funciona como una levadura», indicó.

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