«Vengo de los Alpes y allí no veo las aves que hay aquí»

Los participantes en el taller de iniciación a la ornitología, durante el avistamiento de aves frente a la ría de Villaviciosa. / PALOMA UCHA
Los participantes en el taller de iniciación a la ornitología, durante el avistamiento de aves frente a la ría de Villaviciosa. / PALOMA UCHA

El Centro de Interpretación de la Ría de Villaviciosa celebra el Día Mundial de los Humedales con un taller de ornitología

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

Archibebes, chorlitos, correlimos, cormoranes... Las aves que habitan la Ría de Villaviciosa conforman un animadísimo vecindario. Por este estuario de alcance internacional pasan a lo largo del año unas 140 especies que encuentran entre el fango del humedal el alimento necesario para continuar sus agotadoras travesías. Para observarlas solo es preciso prestar algo de atención, llevar unos prismáticos, coger una guía de ornitología y cargarse de paciencia.

Eso es lo que ayer aprendió el grupo de curiosos que, desafiando el mal tiempo, se acercó al Centro de Interpretación de la Ría de VIllaviciosa, donde con motivo del Día Mundial de los Humedales se realizaron varias actividades. En el taller de iniciación a la ornitología, el experto Jorge Valella explicaba que a la hora de identificar una especie «es importante fijarse en la coloración del plumaje, la longitud y grosor del pico y el largo de las patas». «También hay que tener en cuenta que dentro de una misma especie el plumaje varía según la edad y el sexo del ave», apuntaba. Así, los asistentes aprendieron que la garcilla bueyera «no es una especie autóctona de Asturias, pero muchas llegaron aquí al escaparse del zoo de Santillana del Mar y ahora hay una población estable en la ría» o que el ánade real es más frecuente que el silbón, de los cuales hay unos cien en el estuario maliayo.

Después de la teoría, tocó pasar a la práctica. Armados con teleobjetivos, los gijoneses Alexandra de la Fuente y Marcos Sánchez , junto a sus hijos Rodrigo (siete años) y Martín (cinco) se lanzaron al avistamiento de aves. Mientras Alexandra confesaba que, «aunque no sepamos mucho de ornitología, decidimos venir porque nos pareció muy interesante inculcarles a los críos el respeto por el medio ambiente», el más pequeño de los hermanos buscaba a su tocayo -el martín pescador- entre el barrizal. «Es complicado identificar a las aves, porque tienen diferentes plumajes según la época del año», reconocía su madre.

'Chiurlo maggiore'

El graznido del zarapito común - «un reclamo de contacto, de unidad en el grupo»- rompía de vez en cuando el silencio de una ría cuya riqueza es tal que en apenas media hora el grupo ya había avistado cornejas, garzas reales, cormoranes, alguna garceta común y una espátula, ave que rastrea en el fango en busca de alimento con un pico alargado y plano que le da nombre. Un auténtico tesoro para el italiano Roberto Selva, aficionado a la ornitología, quien avistaba 'chiurlo maggiore' donde el resto veían zarapitos reales. «Vengo de los Alpes y no tengo estuarios alrededor. Aquí se ven muchas aves que no hay allí, son ambientes particulares con muchísimas especies», afirmaba, guía 'Ucceli d'Europa' en mano.

En esta zona, «el turismo ornitológico está cada vez más en auge y vienen de toda Europa; sobre todo de Escocia, Inglaterra o Países Bajos», aseguraba Alejandra Fernández, licenciada en Ciencias Ambientales y trabajadora del Centro de Interpretación de la Ría. Pero aún «hay mucha gente que la ve como un charco de agua, algunos no saben siquiera que es Reserva Natural», lamentaba. «Este es uno de los estuarios mejor conservados del Cantábrico», concluyó.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos