La Venia augura un buen año de pesca

Momento en el que el abanderado, César Menéndez, blande el gran pendón de la Cofradía de Pescadores sobre la arena de La Ribera. / P. G.-P.
Momento en el que el abanderado, César Menéndez, blande el gran pendón de la Cofradía de Pescadores sobre la arena de La Ribera. / P. G.-P.

César Menéndez ejecutó con precisión los tres banderazos sin tocar la arena de La Ribera, en Luanco

PEPE G.-PUMARINO LUANCO.

De cumplirse la tradición, la costera para los pescadores luanquinos ha quedado asegurada de acuerdo con los sagrados designios del ritual de La Venia, un antiquísimo ceremonial del que se tiene constancia documental desde el siglo XVIII, pero que se remonta mucho tiempo antes. Y es que ayer el abanderado, César Menéndez, mantuvo con firmeza el pesado pendón de la Cofradía de Pescadores con el que ejecuta la maniobra, consistente en efectuar tres banderazos rasantes sin tocar la arena de la playa de La Ribera. Es un paso solo encomendado a las generaciones de marineros locales adiestrados en el uso de las largas varas del arte de pesca de la cacea. Es por esta razón por la que el encargado de realizar el ritual debe ser uno de los pescadores con más experiencia en este arte. De su pericia dependerá el futuro de muchas familias de obtener los necesarios ingresos fruto de la pesca. Éste es el sentido del ceremonial de La Venia que el Domingo de Resurrección congrega a miles de devotos seguidores, que aportan la solemnidad a un acto con el que se pone el colofón a la programación religiosa de la Semana Santa.

Pero el protagonismo de este culto lo tiene, sobre todo, el paso de la Virgen Dolorosa, totalmente enlutada, que ha de estar totalmente coordinado con el abanderado que lo encabeza. El fin es que el desenganche del manto de luto que cubre a la madre de Cristo coincida con el tercer banderazo. En ese instante es cuando se desploma la gran túnica negra para mostrar el manto blanco que anuncia la Resurrección de Jesús.

Única en el mundo

Desde hace ocho años, el encargo de abanderar el paso de la Virgen Dolorosa corre a cargo de César Menéndez, que una vez más reivindica la necesidad de promocionar este rito marinero del que no se tiene conocimiento de otro similar. Únicamente existe alguna similitud en algunas localidades italianas, pero sin ninguna vinculación marinera. Su significado religioso, adoptado por los marineros luanquinos, responde a la invocación para obtener los mejores resultados en la pesca durante todo el año. De ahí que esta solemne petición se represente en el escenario más cercano al mar, como es la playa de La Ribera, un lugar próximo al primer puerto local elegido por los armadores para efectuar las reparaciones y el mantenimiento de sus embarcaciones durante siglos. La jornada religiosa finalizó con la procesión con los pasos de la Resurrección y la Virgen Dolorosa, luciendo su manto blanco, y la solemne misa.

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