Una vida por y para los demás

La hermana Araceli Revuelta durante el homenaje celebrado ayer en Pravia.
La hermana Araceli Revuelta durante el homenaje celebrado ayer en Pravia. / I. REVUELTA

Pravia homenajea a Araceli Revuelta, cooperante en Bolivia desde 1955 | La monja, de 96 años, aún continúa ejerciendo sus labores humanitarias a más de 4.000 metros de altura en La Paz, a donde regresará en septiembre

B. MENÉNDEZ PRAVIA.

Con toda la humildad que caracteriza a una persona de su perfil, la monja Araceli Revuelta Arias recibió ayer el homenaje de Pravia, villa que la vio nacer en 1921, y el cariño de todos sus familiares, amigos y vecinos. «Lo que más ilusión le hace no es el reconocimiento en sí, sino tener la oportunidad de visibilizar las realidades de las personas a las que atiende en Bolivia», explicaba una de sus sobrinas, Inmaculada Revuelta, antes del comienzo del acto en la Casa de Cultura.

David Álvarez, alcalde de Pravia, destacó que este era «un homenaje más que merecido por una vida entera dedicada a los demás, con el añadido de lo duro que es dejar atrás tu casa y a los tuyos». Francisco Donate López, párroco de Pravia, Gimena Llamedo González, directora de la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo, y Fernando Alonso Pérez, Decano de la Facultad de Enfermería de Gijón, tampoco se quisieron perder esta importante cita y todos coincidieron en resaltar y aplaudir el trabajo que Araceli Revuelta ha venido desarrollando durante todos estos años.

La apasionante historia de esta misionera se remonta a su juventud, cuando ya mostró su interés y determinación por participar en labores humanitarias. No obstante, su madre, viuda tras la Guerra Civil a cargo de seis hijos, se mostraba algo contrariada por su posible marcha. Con la ayuda de una de sus hermanas, Araceli logró convencerla y, tras realizar su noviciado en Pamplona, fue propuesta como futura misionera por sus capacidades.

Araceli fue la mayor inspiración de su sobrina Aurora, que está en Irak con Médicos sin Fronteras

Con una corta pero intensa formación de Enfermería debajo del brazo, la monja partió hacia Sudamérica en 1955. Su primera parada fue el norte de Chile y, después de una breve estancia en Perú, la cooperante recaló en El Alto, una zona muy humilde en La Paz. Allí permanece desde entonces, más de media década después, con más de mil asistencias en parto a sus espaldas y soportando las alturas superiores a los 4.000 metros de este área.

Ni eso ni la edad detienen a esta mujer de personalidad arrolladora, que cada tres años sobrevuela los más de 9.000 kilómetros que separan La Paz de Pravia para volver a visitar a su familia. Más difícil lo tiene para coincidir con Aurora Revuelta, sobrina que siguió sus pasos tras estudiar Medicina y que ahora es cooperante de Médicos Sin Fronteras en Irak. «Siempre fue una gran inspiración para mi hermana, que además es la única que ha ido a visitarla allí y de paso le ha echado una mano», comenta Inmaculada, quien asegura que el resto de hermanos tienen planeado ir este otoño.

Tras el homenaje y la proyección del documental 'Bolivia, un proyecto de vida y de servicio de la Hermana Araceli', se inauguró la muestra fotográfica 'Bolivia, paisajes y gentes' de Juan Oltra Riestra, donde hasta el 28 de julio se podrán adquirir instantáneas en beneficio del Centro Materno Infantil Santa María de los Ángeles de El Alto, donde trabaja la misionera; este gesto solidario es tan solo uno de los mecanismos para devolverle un trozo de todo lo que desinteresadamente ha dado.

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