Toda una vida en Trasona

Leonor Álvarez y Belarmino González, en el homenaje que recibieron ayer en Trasona. / JOSÉ PRIETO

La Sociedad de Festejos reconoce su trayectoria vital en la celebración del día del jubilado de las fiestas de San Pelayo Belarmino González y Leonor Álvarez son los vecinos más longevos de la localidad

S. GONZÁLEZ TRASONA.

La historia de la parroquia de Trasona es la que forjaron sus gentes, muchas de ellas dedicadas al campo o a la siderurgia de la mano de la antigua Ensidesa, hoy reconvertida en ArcelorMittal. Ejemplo de ello son Belarmino González y Leonor Álvarez, dos de los vecinos más longevos de la localidad que ayer recogieron una placa en homenaje a su trayectoria vital de la mano de la Sociedad de Festejos de Trasona.

Desde que la entidad decidiera recuperar las fiestas de San Pelayo integró en su programa un Día del Jubilado, que se celebró ayer, y dentro de él un homenaje a aquellos vecinos de más edad. Belarmino González, tiene 93 años y atesora historias y anécdotas varias que han marcado su vida, no solo personal sino laboral. Lleva 43 años viviendo en La Marzaniella, en las casas que Ensidesa construyó para sus empleados. Llegó al barrio de manera más casual que meditada ya que su experiencia laboral previa estaba ligada al mar y a la pesca.

San Juan de La Arena le vio crecer como Belarmino 'La noruega', apodo que le venía de su abuelo, tripulante en barcos noruegos. Patrón de barco desde bien joven, tripulaba allá por el año 1961 el barco que naufragó por culpa de una galerna, que no solo acabó con la vida de casi todos sus compañeros -entre ellos su hermano-, sino con su amor por el mar. Alejado ya de la pesca, recaló en Ensidesa en busca de un futuro laboral que le ayudara a hacer frente a los gastos de educación de sus cuatro hijos.

«Yo poco sabía de ese negocio pero me dio la oportunidad de sacar adelante a mi familia y poco a poco y con muchos cursos conseguí llegar a ser el contable de salarios de la empresa», recuerda Belarmino. De la mano de su mujer, compañera de fatigas y buenos momentos, introdujo cambios contables en la empresa para controlar los gastos que pasaban los diferentes departamentos y con él en ese puesto llegaron también los nuevos sistemas informáticos a las oficinas de Ensidesa.

«El cambio no fue fácil, pero me apunté a todos los cursillos que dieron para mejorar. Las matemáticas siempre se me dieron bien», afirma mientras calcula mentalmente y sin fallo los cubos de todos los números hasta el mil. Su amor por las matemáticas le llevó también a dar clases particulares a jóvenes en periodos vacacionales, entre ellos a sus propios hijos.

Cuando la empresa decidió vender las viviendas a los empleados no dudó en adquirir la suya, desde la que ahora ve transformarse al barrio de La Marzaniella. «Antes tenía mucha actividad, todos los días veías pasar gente que iba a comprar al economato. Ahora al contrario, cada día se cierran más casas y se va perdiendo la actividad», lamenta Belarmino González.

Costurera e incansable

Leonor Álvarez vive en Gudín, aunque nació en un caserón de La Granda, con vistas al pantano. En marzo de este año su reloj vital marcó los 95 años aunque de espíritu y ganas pudiera tener unos cuantos menos. Madre de cuatro hijos, abuela de siete jóvenes y bisabuela de siete niños que la visitan y la acompañan.

Dedicó su vida laboral a la costura, creando su propio taller desde el que ideaba prendas de todo tipo, entre ellas los trajes de comunión de sus vástagos. «Antes no se compraba nada, todo se hacía, hasta la ropa interior», comenta Leonor, mientras prepara una camiseta con motivos infantiles para uno de sus biznietos. Tras casarse vivió durante 28 años en Serín, pero siempre manteniendo su casa de Gudín para visitarla los fines de semana. Una vivienda a la que volvió el mes de febrero ya para quedarse.

«En esta calle nos conocemos todos. En Trasona, en mi época joven, todos nos conocíamos y salíamos a la calle en pandilla. Eso ahora no pasa, yo salgo y ya casi no conozco a nadie porque de mi generación pocos quedan», reconoce. No es amiga de acudir a las fiestas, pero este año hizo una excepción para recibir el homenaje de la Sociedad de Festejos.

Fue a clase a varias escuelas en el concejo de Gozón y se dedicó también a cultivar su huerta y su jardín, «todos los días salgo para cuidar mis plantas», recalca. A sus 95 años vive sola en Gudín aunque no necesita compañía, «no tengo ninguna enfermedad ni dolor, salvo un pequeño zumbido que me acompaña en el oído izquierdo. Yo hago todas mis tareas de casa sola, cocino y limpio», comenta Leonor Álvarez.

Ambos son historia viva de Trasona, una parroquia marcada por la llegada de Ensidesa, que cambio su fisionomía y la vida de sus gentes.

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