«De los 23 millones extra que aprobó la Junta no nos llegó nada. Y ningún grupo lo evitó»

El rector de la Universidad de Oviedo, Santiago García Granda, el pasado viernes.
El rector de la Universidad de Oviedo, Santiago García Granda, el pasado viernes. / ÁLEX PIÑA

«Pensé que a estas alturas ya tendríamos resuelto el asunto de la financiación con el Principado, pero hablamos idiomas distintos»

LAURA MAYORDOMO OVIEDO.

Catorce meses después de llegar al Rectorado, Santiago García Granda (Verdicio, 1955) reconoce estar ya «bastante hecho» a un cargo en el que disfruta plenamente. «Al principio no tanto, pero ahora sí, me divierto mucho», confiesa.

-Cuando asumió el cargo dijo que esperaba que el Consejo de Gobierno fuera un órgano donde se mejoraran las propuestas del Consejo Rectoral. ¿Lo ha conseguido?

-Sí. Se ha mejorado con la incorporación de los invitados, todos los directores de departamento y los directores y decanos de escuelas. Sus intervenciones son muy interesantes porque exponen cuestiones que se escapan en ocasiones a los miembros electos del Consejo. Y hemos avanzado en que no se pone restricciones a la distribución de información. Ganamos en apertura y participación.

-¿Qué cuestiones suscitaron más debate en su seno?

-Los criterios para las convocatorias de plazas de profesores titulares y catedráticos. Creo que se mejoró bastante con la exposición pública de los reglamentos y con el debate del propio Consejo de Gobierno. Pero, para mi gusto, se debate todavía poco.

-¿Encuentra poca oposición?

-Sí, la verdad es que todo el mundo va con espíritu muy constructivo.

-Se lo están poniendo fácil...

-No sé quién se lo pone fácil a quién, pero sí (risas). Voy muy tranquilo, sin ninguna presión, al Consejo de Gobierno. A veces se quejan de que hago un informe muy largo, pero creo que debo dar cuenta de todo lo que se hace.

-¿Se ha reunido con todos los equipos directivos, departamentos, grupos de investigación, profesores, personal de administración y estudiantes, como era su intención?

-Queda bastante pendiente. Esa es una de las cosas que me gustaría mejorar en este segundo año. Por el contrario, he tenido una actividad intensísima con personas y visitas individuales. Recibo del orden de seis personas o grupos al día. A algunos los he recibido más de dos veces.

-Llegó al rectorado gracias al voto del estudiantado, pero no se ha librado de sus protestas tras el revuelo por el cambio de las fechas de examen. ¿Han firmado la paz?

-Nunca hubo guerra. La cuestión es que propusimos algo que creíamos beneficioso y pensábamos que ellos pedían y resultó que una parte importante de los estudiantes querían tener los exámenes antes de la Navidad. Fue una interpretación errónea de las pretensiones de algunos de los estudiantes. Yo no quería robarles la Navidad (risas).

-Han acabado con un régimen de permanencia «tremendamente injusto». ¿Se ven ya los resultados?

-Se verán a finales de este curso. Lo que era pernicioso era que las convocatorias se agotaban sin haberlas utilizado. Para algunos eso era insalvable. Tenemos un problema importante, que algunos de los alumnos que recibimos no están preparados para afrontar la carrera que eligieron y no son capaces de aprobar doce créditos. A esos el cambio del régimen de permanencia no les va a ayudar. Lo positivo es que se ha disminuido drásticamente el número de reclamaciones en el Consejo Social. Hemos pasado de mil a ciento y pico. Creo que el problema está resuelto.

-¿Está resultando mucho más difícil entenderse con el Principado?

-Si soy sincero, sí. Es más difícil de lo que yo pensaba. Aunque la relación es muy buena, creo que hablamos idiomas diferentes. Aunque este año hemos avanzado mucho en entender el lenguaje de cada uno.

-¿Está siendo dura la negociación de la financiación?

-Estamos muy avanzados en la negociación para el periodo 2018-2022. Estoy seguro de que lo que sacaremos adelante antes del comienzo del curso. Y no renunciamos a tener un adelanto en 2017 para poner en marcha las medidas que están contenidas en los preacuerdos.

-La ayuda-puente...

-Sí, aunque ahora ya decimos una ayuda para iniciar 2018 con unas garantías y programas en marcha.

-¿Qué cifras ha puesto la Universidad sobre la mesa?

-No hemos puesto cifras todavía, pero aspiramos a recuperar niveles de financiación que teníamos en 2010, estamos hablando de recuperar 30 millones de euros.

-Ese año la Universidad tuvo un presupuesto de 229,5 millones.

-No aspiramos a recuperarlo en cinco años. No creo que el Principado esté dispuesto a incrementar así el presupuesto de la Universidad. No creo ni que en 2022 lo podamos conseguir, pero si gradualmente subimos diez millones estaría bien. Pediremos más, pero veremos a ver si hay sensibilidad por parte del Gobierno.

-¿Se están desatendiendo sus necesidades por parte del Principado?

-Las necesidades básicas se atienden razonablemente, pero somos una de las comunidades que menos invierte en I+D+i, solo el 0,73 del PIB, y de ese porcentaje la Universidad no recibe la parte que le correspondería por la magnitud que tiene y la actividad en proyectos de investigación, por la creación de profesionales...

-¿Cuánto reciben?

-Unos siete millones de euros. Una cantidad muy baja teniendo en cuenta el servicio social que prestamos, porque aumentamos la competitividad de los asturianos y contribuimos al I+D+i de la comunidad.

-Con la bajada de tasas de matrícula tocaron en hueso...

-Sabíamos que iba a ser muy difícil. Los presupuestos son una excusa perfecta para no cambiar las cosas. Lo que está en presupuestos no se cambia y se plantea como un imposible, aunque luego resulta que sí es posible, porque hubo 23 millones de financiación extra que pudieron haberse empleado en este tipo de cosas y de ese incremento del techo de gasto a la Universidad no llegó nada. Los grupos políticos en la Junta tampoco empujaron lo suficiente para comprometerse decididamente con la Universidad. Si lo hubieran hecho, creo que una pequeña parte de esos 23 millones hubiese venido a la Universidad. Igual que en los presupuestos. Introducir una enmienda que modificara la asignación que se hacía a la Universidad para las necesidades que planteamos a todos los grupos políticos fue imposible al final.

-¿Esos son los distintos lenguajes que dice usted que hablan?

-Sí. En otros países, como Suiza, Israel y Holanda, la Universidad es una prioridad. En Asturias tenemos una sola Universidad, por tanto debería ser la prioridad para cualquier político y aquí no sé si lo es. Desde luego, no se nota en los resultados.

-¿Y si la comparación la establecemos con universidades españolas?

-Cuando nos comparamos con comunidades vecinas, como Cantabria o Galicia, vemos que el sistema de apoyo del Gobierno a la Universidad es mejor, hay una implicación mayor y más fondos, sobre todo en programas de I+D+i.

-¿Qué esperaba tener resuelto a estas alturas y se le resiste?

-La financiación con el Principado. Esperaba tener mejores canales de comunicación y más directos, pero confío en que llegaremos a ello porque hay buena voluntad por las dos partes. Esperaba también que el Consejo Social fuera más activo en conseguir fondos para la Universidad. Funciona muy bien en su labor de control y de ayudar a resolver problemas puntuales de la Universidad, pero no hemos sido capaces de ser activos en la consecución de fondos privados y grandes proyectos. También pensé que seríamos más ágiles en gestionar convenios, porque son procesos que llevan meses, y que iríamos más rápido para cerrar la relación de puestos de trabajo de funcionarios.

-La Universidad tiene un serio problema de envejecimiento de plantillas. Han lanzado una OPE con 84 plazas, pero ¿qué previsiones tienen para los próximos años?

-Está prevista otra oferta pública de empleo. Tenemos una tasa de reposición razonable para poder bajar la bolsa de acreditados, en la que ahora mismo hay más de doscientas personas. A finales de este año y el próximo año sacaremos nuevas convocatorias con más plazas.

-¿Cuándo se prevé acabar con la bolsa de acreditados?

-Teníamos pensado en cuatro años, pero con este ritmo, si no tenemos inconvenientes con la tasa de reposición y no se produce un boom de nuevas acreditaciones, es posible que en dos o tres años.

-¿Cuántas solicitudes de eméritos han recibido?

-Solo dos.

-Precisamente la cifra que habían decidido para cada año. ¿Se les concederá entonces?

-No necesariamente. La decisión irá al próximo Consejo de Gobierno. Utilizaremos los mismos criterios que para la primera convocatoria.

-Después de que el decano de la Facultad Jovellanos planteara la revisión del convenio con la escuela de Turismo de Oviedo, e incluso su absorción por la de Gijón, ¿ha habido alguna conversación al respecto?

-Hemos hablado con el centro adscrito y estamos viendo por dónde puede evolucionar la compatibilidad de los dos centros. Entraremos en la revisión del convenio en un plazo corto, quizá a principios de curso.

-¿Se plantean la unificación?

-En principio no se contempla. Me parece bien que existan los dos centros. Revisar no significa eliminar. Estamos planteando evolucionar hacia ofertas más atractivas, nuevas titulaciones que tengan más aceptación porque el número de alumnos en Turismo no es muy alto.

-Del Campus de Excelencia ¿qué queda?

-Muy poco. Los Campus Científicos de Verano y muy poco más. Lo estamos manteniendo con aportaciones privadas. Eso que fue una gran idea empieza a ser algo histórico. Es muy bueno tener el sello y nosotros estamos muy orgullosos de ser una de las primeras nueve universidades en lograrlo en 2009 y mantenerlo. Pero ahora mismo solo nos está dando ese prestigio. Nada más.

-Alertaba recientemente del peligro que corrían los grupos de investigación por la falta de financiación.

-Aquí tenemos 143 acreditados. Están buscando financiación de todas las convocatorias posibles. Tener una ayuda del Principado permite a algunos mantener un nivel de actividad razonable. La inversión en el plan nacional es más baja que la de 2016 y se ha retrasado bastante así que seguimos con las mismas dificultades, con el añadido de que hemos perdido parte de la inercia que traíamos desde 2010.

-¿Cómo va su objetivo de crear escuelas de doctorado?

-Al igual que los másteres funcionan muy bien, el doctorado está despegando. Tenemos ahora mismo más de quinientos doctorandos, un número muy elevado. Hacer una escuela de doctorado allí donde no existan departamentos o instituto sigue siendo una idea que no abandonamos. Tenemos en proyecto iniciarlo con uno de los centros que tenemos en el campus de Mieres, posiblemente para el curso que viene.

-¿Saldrá adelante el proyecto de la residencia universitaria de Gijón?

-Espero que este proyecto no falle. Es una pena que no la tengamos ya porque la actividad que tiene ese campus es cada vez mayor, su capacidad de atracción es grande y podría ser mayor si tuviéramos la residencia.

-¿Cómo va el plan para retirar los símbolos franquistas?

-Tenía planes para retirar algunas cosas, como los escudos, sobre todo los más llamativos, como el de la biblioteca. Pero parece ser que lo que se considera más racional ahora es que se explique qué significan esos símbolos y por qué están ahí. Explicar en lugar de destruir. Y al mismo tiempo rescatar los nombres y símbolos ausentes. En ese sentido, comenzamos ya con el reconocimiento al rector Alas. Matizaremos con otras placas las que ahora no están representando la realidad de lo que ocurrió.

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