Los mineros asturianos del espacio

Enrique Díez y Francisco Javier Iglesias, en el interior de la cúpula del teslecopio con el que cuenta este grupo en la Escuela de Minas. /ÁLEX PIÑA
Enrique Díez y Francisco Javier Iglesias, en el interior de la cúpula del teslecopio con el que cuenta este grupo en la Escuela de Minas. / ÁLEX PIÑA

El Sistema Solar atesora grandes cantidades de metales preciosos. Gobiernos y empresas viven una nueva fiebre del oro de la que participa la Universidad de Oviedo

JOSÉ L. GONZÁLEZ

Vagando por el Sistema Solar hay cientos de miles de millones de euros en oro, hierro o platino. Gobiernos y empresas de todo el mundo se han dado cuenta de este potencial y han iniciado una carrera por ser los primeros en conseguir traer a la Tierra cantidades ingentes de metales preciosos. Una suerte de nueva fiebre del oro hipertecnológica de la que participa la Escuela de Minas de la Universidad de Oviedo a través del Grupo de Modelización Matemática Aplicada (MOMA).

Su trabajo abarca la primera fase de todo proyecto minero: localizar el bien a extraer, lo que ellos llaman «caracterizar los asteroides». De los más de 600.000 cuerpos de estas características que se estima existen en el Sistema Solar, los integrantes de este grupo que dirige el catedrático Francisco Javier de Cos eligen los que parecen más atractivos para sus objetivos y los estudian. Hay dos grandes tipos que resultan de interés: los de origen carbonoso y los de procedencia metálica. «Estos últimos son más fáciles de observar porque reflejan más la luz», señala.

El estudio de esta luz reflejada es lo que les permite acercarse un poco más a su composición. «Con un espectógrafo podemos ver las diferentes bandas de absorción de luz y, a partir de ahí, determinar qué son esos elementos que la reflejan», explica Francisco Javier de Cos.

Telescopio de observación ubicado en lo alto del edificio.
Telescopio de observación ubicado en lo alto del edificio. / ÁLEX PIÑA

Este procedimiento, diferente para otros asteroides que reflejan menos luz, les permite determinar si en uno de estos cuerpos hay oro, platino u otro tipo de materiales. Pero, ¿cómo saber la cantidad de estos metales simplemente analizando la luz reflejada en su superficie? «Lo que se puede hacer son estimaciones. Hasta que una sonda llegue a los asteroides y haga prospecciones, no se puede determinar con exactitud la cantidad de mineral que contiene».

La ciencia no permite garantizar la composición de un asteroide, pero sí realizar estimaciones. Los sistemas que utiliza este grupo de investigación, y que están basados en modelos matemáticos de inteligencia artificial, hacen posible estimar su densidad, tamaño y masa, lo que unido a la composición de su superficie aproxima más los cálculos. «Aún no hemos descubierto ninguno en el que podamos decir 'esto es un pelotazo'. Por ahora, estamos haciendo un mapa de la cuenca minera».

Daniel Santos, Enrique Díez, Francisco Javier de Cos, Joaquín Bueno, María Luisa Sanchez, Laura Bonavera, Sergio Suárez, Carlos González e Iván Alonso son algunos de los integrantes del Grupo de Modelización Matemática Aplicada.
Daniel Santos, Enrique Díez, Francisco Javier de Cos, Joaquín Bueno, María Luisa Sanchez, Laura Bonavera, Sergio Suárez, Carlos González e Iván Alonso son algunos de los integrantes del Grupo de Modelización Matemática Aplicada. / ÁLEX PIÑA

Cifras astronómicas

Gigantes como Amazon o Google están detrás de algunas de las firmas que han tomado ventaja en la carrera de la minería espacial. Aunque todavía parece lejana la fecha en la que se pueda traer a la Tierra mineral espacial, el trabajo previo sigue su curso. Desde Oviedo, el MOMA, que lleva algo más de dos años trabajando en este campo, estudia no solo la composición de los asteroides, sino también otras características importantes para que se conviertan en candidatos para una futura explotación como su órbita, forma y orografía.

Los metales preciosos son el objetivo final de toda misión de minería espacial. Pero para alcanzarlo hay un elemento cuyo coste en la Tierra es bajo y su valor en el espacio, desorbitado: el agua. Fuente de subsistencia en una misión espacial y también de combustible (por su contenido en hidrógeno), localizar asteorides que contengan agua es fundamental. «El secreto ahora es encontrar los más ricos en minerales preciosos y que tengan agua», explica Francisco Javier de Cos.

Meteorito con alto contenido en hierro que forma parte de la colección de la Escuela de Minas.
Meteorito con alto contenido en hierro que forma parte de la colección de la Escuela de Minas. / ÁLEX PIÑA

La importancia de este elemento es tal que entre los planteamientos de explotación que se manejan está incluso el de usar un asteroide con agua como base para las misiones mineras. Lo explica el catedrático: «A partir del agua es posible obtener combustible (extrayendo el hidrógeno) lo que permitiría que una sonda fuera capaz de desplazar el asteroide rico en materiales fuera de su orbita hasta el punto de explotación».

El planteamiento de la explotación pasa por extraer los minerales en el espacio, procesarlos y traerlos a la Tierra. Una forma de evitar los problemas medioambientales que genera esa actividad en la Tierra, pero también un importante reto al que se enfrenta la ciencia.

Las empresas ya están haciendo frente a ese reto. Diferentes firmas desarrollan materiales más ligeros con los que fabricar las máquinas necesarias para realizar los procesos de extracción. La compañía Deep Space Industries, asociada con el Gobierno de Luxemburgo, planea lanzar «en un futuro cercano» una pequeña nave espacial para sondear asteorides cercanos a la Tierra en lo que sería una prueba de que sus desarrollos son fiables. Toda la tecnología necesaria para poner en marcha estas misiones está ya vendiéndose con otras aplicaciones, logrando los primeros retornos económicos de la minería espacial. «Hay empresas que están vendiendo ya sus impresoras de metales 3D que sirven para construir maquinaria. Es un campo que funciona como cabeza tractora de la economía», señala Francisco Javier de Cos.

Curvas de luz en uno de los ordenadores del grupo.
Curvas de luz en uno de los ordenadores del grupo. / ÁLEX PIÑA

El experimento de Tesla

El cochete que salió de la órbita terrestre, el Falcon Heavy, puede poner en órbita una carga de 64 toneladas, lo que lo convierte en el de mayor capacidad de la historia. El hecho de que algunas partes del mismo sean reutilizables reduce, y mucho, los costes de un lanzamiento. Estas dos características unidas en un mismo aparato lo convierten en candidato a liderar la nueva carrera de la minería espacial. «El del transporte es uno de los principales problemas. El material para la extracción es pesado y voluminoso. Romper la gravedad terrestre es la primera dificultad. Cuando sales de ella, todo es mucho más fácil», señala Francisco Javier de Cos.

La carrera por la obtención de minerales preciosos del espacio ha comenzado y desde Oviedo están posicionados para participar de ella. Aunque aún quedan años para la meta, los integrantes del MOMA son optimistas. «Así empezaron los romanos», bromea Francisco Javier de Cos.

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