La mitad de los fallecidos por gripe en Asturias no estaban vacunados

Sala de espera de Urgencias del centro Puerta de la Villa, en Gijón, durante uno de los días de mayor pico de gripe en diciembre. / P. UCHA
Sala de espera de Urgencias del centro Puerta de la Villa, en Gijón, durante uno de los días de mayor pico de gripe en diciembre. / P. UCHA

La cifra de 19 muertos y 100 casos graves es una de las más altas desde la pandemia del virus A de 2009. Sanidad lo atribuye a la caída en los índices de vacunación

LAURA FONSECA GIJÓN.

La peor epidemia de la última década no ha sido la de la gripe A, la declarada en 2009 y cuyo virus se temía tan potente que la Organización Mundial de la Salud (OMS) llegó a declarar la alerta internacional. De aquella, los diferentes países, incluido España, iniciaron una carrera contrarreloj para intentar blindarse contra el virus A H1N1 (el responsable de la bautizada luego como gripe A), vacunando de forma extraordinaria a mucha más población de la prevista y disponiendo en los hospitales de más salas de aislamientos, respiradores y camas de UVI. La población comenzó a familiarizase con las mascarillas y el alcohol en gel (desinfectante para las manos de uso doméstico) y cada caso de gripe se convertía en noticia de primera plana.

Pero los registros epidemiológicos, que desde esa pandemia incorporan muchos más datos, demuestran que el virus gripal de 2009 ha sido a la postre más benévolo que los que irrumpieron después. La reciente temporada de gripe, que aún está dando sus últimos coletazos en Asturias, se considera como la más intensa de los diez últimos años. En este otoño-invierno, 24.826 personas han contraído la enfermedad en el Principado. Aunque la incidencia y la circulación del virus ha bajado ya mucho (la mayor intensidad se registró en la última semana de 2017 con 707 casos por cien mil habitantes), la Consejería de Sanidad estima que la temporada finalizará por encima de los 25.744 afectados del año anterior.

Más enfermos y también un elevado número de muertos y de ingresados graves en los hospitales por culpa de la gripe. Diecinueve personas han fallecido en Asturias a causa del virus gripal y otras cien han necesitado ser hospitalizadas por un cuadro agudo. Son, según el jefe de Vigilancia Epidemiológica de la Consejería de Sanidad, «registros similares a los de la gripe de 2016, que dejó 21 muertos», pero muchísimo más elevados con respecto a los de la gripe A de hace nueve años, cuando se certificaron cinco fallecidos por esa causa.

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La epidemia gripal de este otoño-invierno, la que llenó los hospitales asturianos en plenas fiestas navideñas y obligó a suspender operaciones en Avilés a principios de año por falta de camas, se comportó de forma mucho más agresiva que sus antecesoras. La de 2009 se cebó sobre todo con la población más joven, puesto que la de más 65 años tenía inmunidad adquirida de otros años (el llamado «pecado original inmunológico» que marca la protección contra la gripe de por vida en función del primer virus que se contraiga). Sin embargo, la gripe última, en la que el líder fue un virus B, ha vuelto a poner el ojo sobre los mayores, que un invierno más han sido los más castigados.

El problema con el que se están encontrando los médicos es que en los últimos años este tramo de población, el de los mayores, está menos protegido debido a que la gente se vacuna bastante menos. La tasa de cobertura vacunal apenas supera el 50% cuando lo idóneo es alcanzar el 65% en ese tramo de edad. La recomendación de vacunarse se hace no tanto para no contraer la enfermedad (la vacuna no impide que caigamos enfermos), sino para reducir el riesgo de complicaciones graves si el virus acaba anidando en nuestro cuerpo. En las personas mayores, sobre todo a partir de los 65 y 70 años, las posibilidades de que una gripe acabe complicando aún más el cuadro de salud se disparan. Un dato revelador es que el 53% de las personas que fallecieron por culpa gripe esta temporada en Asturias «no estaban vacunadas». ¿Deberían haberlo estado? Según el responsable de Vigilancia Epidemiología, «es lo recomendable por que la mayoría superaba los 65 años». Entre los fallecidos solo había una persona por debajo de esa edad (un hombre de 44 años). El resto se encuadraba enel tramo de los pensionistas y el 76% superaba los 70 años. A esa edad «es bueno vacunarse», insiste Huerta, quien cree que «algunas de las muertes por gripe, no digo que todas, podrían haberse evitado». E insiste en que «la gripe mata y cuando recomendamos vacunar no es por gusto, sino por prevención».

Linaje Yamagata

En Asturias, se inmunizaron contra la gripe 190.328 personas, de los que 138.149 superaban los 65 años. La cobertura entre los mayores fue del 54%, nueve puntos por debajo del objetivo. La mejor tasa de vacunación se obtuvo en Arriondas, un 61%, y la más baja en Gijón, apenas un 50,8%.

Del total de virus aislados, el 87% fueron del tipo B. De ellos, nueve de cada diez correspondían al linaje Yamagata, que no estaba incluido en la vacuna antigripal de este año. El otro linaje de la cepa B, el Victoria, se encontró en el 13% de muestras virológicas. Ese sí venía en la vacuna. Huerta concluye que esta temporada de gripe «ha sido moderadamente alta, con mucha afectación entre los mayores».

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