«No morimos, nos mata la enfermedad»

Arriba Xavier Gómez-Bastide y Begoña Martínez Argüelles. A la izquierda una mujer experimenta la sordera y pesadez de un enfermo crónico. / ÁLEX PIÑA
Arriba Xavier Gómez-Bastide y Begoña Martínez Argüelles. A la izquierda una mujer experimenta la sordera y pesadez de un enfermo crónico. / ÁLEX PIÑA

Los médicos reclaman una «revolución» en el trato al paciente crónico o terminal | «Antes se fallecía en casa, ahora el 65% de los casos se dan en el hospital y lo único que hacemos es añadir dolor al paciente», explica Begoña Martínez

R. MUÑIZ OVIEDO.

«Como médico te enseñan a que la gente viva a pesar de todo y, eso, a veces, es ensañamiento». Lo dice, a media voz, Begoña Álvarez, vicepresidenta de la Asociación de Medicina Familiar. Sabe que toca un tema sensible. Quizás el que da sentido a todo lo demás. Lo que cuenta no es lo usual, pero está convencida de que es porque tenemos mal enfocada nuestra despedida de este mundo. «Si sabes que el paciente se va a morir, no le metas tubos para respirar, para comer, para mear. No le hagas vivir lo que ni quiere vivir ni es lo que biológicamente debe vivir», añade.

Su profesión le ha obligado a ver más fallecimientos de los que experimentan quienes viven fuera del sistema sanitario. La conclusión que extrae es que «la gente se quiere morir en casa, con los suyos, que es como se hacía antes, pero ahora la familia no quiere». ¿Por qué? «Lo vivimos como una experiencia desagradable que queremos alejar de casa por el miedo que nos da», responde.

«Es que la familia quiere darle lo mejor y ellos creen que eso estará en el mundo sanitario», concede Begoña Martínez Argüelles, especialista en medicina preventiva y presidenta de la Asociación de Cuidados Paliativos que lleva su nombre. Ambas compartían emociones en la primera jornada que se organiza en Asturias sobre esta especialidad. «Ahora no nos morimos, nos mata la enfermedad», dijo. Fueron centenares los facultativos, enfermeras o terapeutas que en el Colegio de Médicos atendieron a las palabras de Xavier Gómez-Batiste, colaborador de la Organización Mundial de la Salud para programas de cuidados paliativos.

«Impulsamos un programa de ciudades compasivas para cambiar las actitudes sociales y culturales respecto al final de la vida», indicó el catalán. Cuenta que la receta para morir mejor pasa por tener apoyos, sensación de dejar un legado y cierta espiritualidad. ¿El católico pasa el trance en mejor condición que el ateo? «No necesariamente, de lo que se trata es de tener una idea de lo que viene después; el ateo puede sentirse tranquilo pensando que va a ser polvo y la naturaleza sigue», señala.

Según sus cálculos, todo médico de familia tiene una veintena de pacientes con necesidad de cuidados paliativos y en los geriátricos la proporción sería del 50%. «Estamos ante una epidemia de la cronicidad», manifestó. Gómez-Bastide está convencido de que los sanitarios deberían empezar a preparar para la muerte «unos dos o tres años antes de que el paciente llegue a la situación terminal».

Algo así supone «una revolución», admite. «No, no es a lo que están preparando a los médicos», reconoce. «La muerte ha sido algo oculto y había desaparecido de los retos de la medicina; ahora hay una nueva ola que quiere incorporar la atención paliativa», expone. No se trata solo de mitigar el dolor físico. «Está demostrado que tú puedes tratarlo pero si esa persona tiene un conflicto y no asume la muerte, le va a seguir doliendo», advierte Begoña Martínez.

Experiencia vital

Para hacerse una idea, en las jornadas se hizo un taller práctico. Por unos minutos, los profesionales pasaban por una simulación para que sintieran lo que siente el enfermo.

En la primera habitación, se le colocaban diferentes corsés, unos con más de veinte kilos de peso, otros con pinchos en la espalda, una pinza dificultaba la respiración. La angustia era mayúscula. «Pues eso es lo que siente un paciente terminal; ahora dile que tiene que salir a caminar más», ejemplificaba María Ángeles Fernández. En la siguiente habitación, a oscuras, una pantalla va proyectando imágenes. «La idea es que pases por las etapas emocionales de una persona a la que dicen que va a morir; lo que se ve te llevará a la rabia de pensar que por qué a ti, al desamparo de creerte solo en el mundo, a la dependencia de necesitar quien te ayude», detalla Fernández. La experiencia termina con un ejercicio de reflexión, donde hay una conclusión que siempre se repite: «Es duro, menos mal que esto termina».

El encuentro, esta primera Jornada Asturiana de Cuidados Paliativos, estuvo organizado por la Obra Social La Caixa, la Sociedad de Geriatría y Gerontología del Principado de Asturias, la Sociedad Asturiana de Cuidados Paliativos y la Asociación de Cuidados Paliativos Begoña Martínez . Desde su puesta en marcha en 2009, 3.719 pacientes y 8.985 familiares asturianos han recibido el apoyo de este programa a través del equipo de profesionales de la Sociedad de Geriatría y Gerontología del Principado.

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