Una mujer de 83 años, segunda víctima mortal del incendio de un edificio en El Berrón

Los vecinos guardan un minuto de silencio frente al edificio que se incendió en El Berrón. / S. S. M.
Los vecinos guardan un minuto de silencio frente al edificio que se incendió en El Berrón. / S. S. M.

Aurelia Díaz no superó los daños causados por las quemaduras. La niña Carla Fonseca mejora, aunque continúa muy grave

MARCOS GUTIÉRREZ EL BERRÓN.

Aurelia Díaz, de 83 años, luchó con todas sus fuerzas hasta el último instante, pero no pudo superar los daños sufridos como consecuencia del incendio que se originó en el edificio donde residía, en El Berrón. El fuego, que se originó en la madrugada del lunes, le había causado quemaduras muy graves en el 25% de su cuerpo, además de provocarle fallos en múltiples órganos. La mujer ingresó en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) en coma, con un pronóstico desfavorable. A las importantes lesiones ocasionadas por las llamas y el humo se unían los achaques de salud que padecía Aurelia. Según explicó una de sus hijas, María España Suárez, había sufridos dos infartos con anterioridad. Se trata de la segunda víctima mortal que provoca este incendio tras el fallecimiento de Rubén Fonseca, de 41 años.

«Nos dieron las peores noticias que podíamos recibir», acertaba a decir Paloma Suárez, su otra hija. Los médicos que atendían a Aurelia Díaz «nos lo pusieron muy negro». La mujer presentaba un fallo multiorgánico. Su cerebro, riñones y un pulmón no funcionaban. En ese instante, la familia solicitó la presencia del capellán del centro hospitalario «para rezar un responso» por ella. Los facultativos y la familia decidieron desconectar a la mujer de las máquinas que la mantenían con vida ante la ausencia de actividad cerebral y los múltiples fallos orgánicos.

A las cinco y cuarto de la tarde se confirmó su fallecimiento. Sus restos mortales serán trasladados al tanatorio Meana de Pola de Siero. El funeral se celebrará hoy, a las seis de la tarde, en la parroquia de San Martín de La Carrera. En un primer momento, se barajó la posibilidad de trasladarla a Madrid para ser atendida en un hospital especializado en quemados. No obstante, el equipo médico que atendió a Aurelia descartó esta posibilidad porque «no aguantaría el viaje», explicó el yerno de la mujer, Miguel Ángel Parajón.

La otra persona herida en el incendio sí fue trasladada a Madrid. Carla, la hija de cinco años del fallecido en el siniestro, Rubén Fonseca, permanece ingresada en la Unidad de Quemados del Hospital Universitario La Paz. Su estado sigue siendo grave, aunque evoluciona favorablemente al tratamiento que se le está aplicando. Su padre bajaba con ella por la escalera para intentar salir a la calle y escapar de las llamas. Pero no lo consiguieron y acabaron en el sótano, junto a Aurelia, su vecina del piso de arriba.

Según las primeras hipótesis de la investigación, la nula visibilidad y la confusión del momento provocaron que Aurelia, Rubén y la pequeña terminaran atrapados en el espacio donde se sitúan los contadores, en los que se originó el fuego, indicaron fuentes policiales. Allí les encontró la dotación de bomberos que se desplazó al inmueble tras ser alertados por el 112 a las 2.20 horas del lunes. Los profesionales de extinción de incendios tardaron una hora en controlar el fuego.

Minuto de silencio

Numerosos vecinos de El Berrón se congregaron ayer en la calle Río Magostales para guardar un minuto de silencio en memoria de las víctimas. Manuel Roces, el vecino del inmueble que auxilió a la mujer y la hija mayor del fallecido, explicó que convocaron este acto «en solidaridad» con las familias de las víctimas.

Con respecto a los trabajos que se están realizando para restablecer el suministro eléctrico, «empezaron esta mañana por el bajo. Van a intentar que esté conectada la corriente, la luz y la calefacción». Por el momento, la mayoría de los vecinos se aloja en casas de familiares y en hoteles. «Vamos a tardar en recuperar la normalidad», señaló Roces.

«El problema es el olor que hay arriba. No se respira allí dentro. Y, además, no tenemos luz ni calefacción ni agua caliente», indicó Ramón Ángel Junco, otro de los vecinos. «Aquí no podemos vivir en estas condiciones», apuntó otro de los afectados.

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