«Necesitaba la droga porque estaba estresadísimo», dice el reo acusado de traficar en prisión

«Necesitaba la droga porque estaba estresadísimo», dice el reo acusado de traficar en prisión

Los funcionarios supieron que ocultaba la heroína dentro de su cuerpo por un ‘chivatazo’

RAMÓN MUÑIZGijón

La Audiencia Provincial celebró esta mañana el juicio contra J.A.P.Y., preso de la cárcel asturiana para el que la fiscalía pide incrementar en cuatro años más la condena por traficar con drogas en el recinto. Su defensa solicita la libre absolución al sostener que los estupefacientes que se le incautaron eran para consumo propio.

Los hechos se remontan al 20 de enero de 2016, cuando, tras un encuentro íntimo con una amiga, dos funcionarios proceden a cachear el interno. “Teníamos información confidencial fidedigna que nos hacía pensar que la visitante iba a intentar pasarle algún tipo de sustancia para que luego él traficara”, explicó uno de los vigilantes. Preparando la pesquisa, esa misma mañana se solicitó al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria permiso para practicarle una radiografía en el caso de que no admitiera los hechos. Al proyectar radiación, la prisión no puede someter a los internos a este control sin autorización judicial. “Hicimos un cacheo con desnudo integral, respetando su intimidad, y como persistían las sospechas, le practicamos la placa radiológica”, detalló el funcionario durante la vista. La imagen mostraba un cuerpo extraño en el interior de J.A.P.Y. “pero él continuaba negándolo; tras bastante tiempo accedió a darnos lo que llevaba en su interior”, recordó durante la vista. Eran 1,57 gramos de heroína y cinco comprimidos de Alprazolam, fármaco aplicado en tratamientos contra la ansiedad.

“Los compré en el centro para mi consumo porque estaba con problemas de ansiedad y drogadicción”, explicó el reo. En aquel momento el centro le tenía destinado en el módulo de enfermería, como interno de apoyo. “Estaba con bastante presión por estar con tantos enfermos, llevaba un montón de meses sin permisos, los había pedido de mil maneras y no me los autorizaron. Pedí ir a ver a mi tío que estaba enfermo y no me dejaron; a los pocos días murió y no pude verle ni llamarle”, sostuvo el acusado. Según refiere, pasaba por momentos de ansiedad, “necesitaba dormir y descansar porque estaba estresadísimo, llegué a solicitar que me incrementaran la medicación, pero no lo hicieron”.

Su defensa, que fue llevada por el letrado Iván Cortina, recordó que ese estado de ansiedad “estaba diagnosticado”, recalcó que su celda no fue registrada en las semanas anteriores porque no había sospechas de él, y que de hecho, la dirección le consideraba apto para estar en enfermería, “qué curioso, con acceso a los fármacos”. A preguntas de la magistrada, el reo dijo que si ocultaba los estupefacientes en su cuerpo era para “que no los cogiera ningún enfermo; los sacaba por la noche, los consumía, y los volvía a esconder por la mañana”. Cortina agregó que fumado, esos 1,57 gramos de heroína “le darían para 19 noches, como diría Sabina”. “La única forma que tenía de tranquilizarse y afrontar la condena de la forma más evadida posible era a través de la heroína”, concluyó.

El fiscal se funda en los informes de seguimiento que tenía la cárcel para considerar que en realidad la heroína era para “el favorecimiento o venta”. En el primero que citó se constataba que J.A.P.Y. estaba a “tratamiento por alcoholismo, y no hay referencia a la heroína”. En el segundo se confirman “indicios objetivos de abuso por las drogas; dando por buenas las referencias del acusado, podía existir trastorno por consumo de cocaína, pero no se habla de la heroína”. En el informe hecho en 2017 se mantiene el diagnóstico de trastornos psicofísicos “con dependencia al cannabis la coca, y la benzodiacepinas, pero para nada se habla de heroína”. La defensa opone que esas relaciones no son exhaustivas, y que “un alcohólico que tiene dependencia al vino tampoco le hace ascos a la cerveza”.

El caso quedó visto para sentencia.

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