Temporal en Asturias: El pan llega en quitanieves

La turbina fresadora abre las calles de la parte alta de Sotres, con espesores que llegan a los 1,30 metros. Abajo, dos vecinos tratan de retirar la nieve acumulada en los tejados de la localidad cabraliega.
La turbina fresadora abre las calles de la parte alta de Sotres, con espesores que llegan a los 1,30 metros. / NEL ACEBAL

Los sesenta vecinos de Sotres, que acumula más de 1,30 metros de nieve, se ayudan a limpiar tejados y a cuidar del ganado

G. POMARADA CARREÑA.

Las plantas altas de las viviendas de Sotres son el último testimonio visible de que, bajo la espesa capa de nieve, existe un pueblo en el que residen unos sesenta habitantes. La nieve caída sin tregua en la última semana ha cubierto carreteras, coches e incluso tejados. Todo es blanco allá donde se pose la vista en esta localidad cabraliega situada a 1.050 metros de altitud que trata de resistir como «Leningrado en los 666 días de asedio nazi». Lo cuenta Ana Moradiellos, propietaria del bar La Gallega, establecimiento que desde hace más de medio siglo ofrece su lumbre cuando se desata el 'aterberiu', una suerte de ventisca que esparce la nieve en forma de remolinos. La naturaleza impone sus dictados y los cabraliegos saben que la organización vecinal es el único modo de resistir frente al temporal.

Un ejemplo son los cinco ganaderos del pueblo que guardan sus reses fuera de los límites de la localidad. «Quedamos para ir juntos porque tuvimos que abrir el camino», cuenta Kaelia Cotera, propietaria de 140 cabras. La ruta que siguen habitualmente, explican, «está inutilizada por un alud», por lo que se ven obligados a cruzar el río para llegar junto al ganado. «La vida del ganadero es muy dura ahora en invierno. Aunque nieve hay que cebar a los animales e ir a verlos tres veces al día», cuenta José Fernández.

También los mayores del lugar se ven afectados por la situación. «Para ellos es difícil por si tienen que ir al médico, ya hubo gente que tuvo que anular citas», indica Cotera. Tampoco el único joven en edad escolar ha podido ir a clase estos días. Ayer, los panaderos pudieron llegar al pueblo, pero en los últimos días fue el operario de la quitanieves quien se encargo de subir el pan y provisiones a los vecinos.

Con espesores de nieve acumulada que superan el metro y los treinta centímetros, lo que urge ahora es limpiar los tejados y despejar los accesos a las viviendas. La estampa más repetida ayer en las calles de Sotres era la de habitantes que, pala en mano, se afanaban en retirar el manto blanco, tanto de las casas propias como de sus vecinos. «Llama gente que vive fuera por el invierno para que se la retiremos», cuentan. La evolución de la nieve acumulada en las cubiertas es uno de los factores de los que dependerá la intervención de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que ya en 2015 tuvo que actuar en el pueblo cabraliego y que el equipo de gobierno de Cabrales valora volver a a llamar. Entonces, el espesor llegó a los tres metros. «La de 2015 fue mayor que la de ahora y nos arreglamos, no hace falta movilizar a la UME», expresa Moradiellos haciéndose eco de un sentir generalizado en el pueblo.

No obstante, el protocolo preventivo está activado, indica el alcalde, Francisco González. «Si en un momento determinado hay una incidencia habrá que activar», añade González, quien señala como fecha crítica la noche de hoy y la jornada del viernes. «Va a seguir nevando y puede afectar a los tejados», advierte.

El otro punto negro está en la carretera AS-264, donde ayer se registraba un alud en La Correntía, justo en uno de los puntos donde deberían ir colocadas las viseras comprometidas por el Principado. «¿Qué pasa con las viseras? Nos las prometen y no hacen nada», lamentan los vecinos. «La carretera está muy peligrosa, que nadie suba si no es absolutamente necesario», alertan de cara al fin de semana.

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