«Hay nuevos fármacos que cuestan 400.000 euros y eso no es asumible»

El médico Álvaro Meana, en uno de los laboratorios del Centro Comunitario. / PABLO LORENZANA
El médico Álvaro Meana, en uno de los laboratorios del Centro Comunitario. / PABLO LORENZANA

Álvaro Meana Infiesta, director del Banco de Tejidos del Centro Comunitario, trabaja en un proyecto para imprimir córneas e ingresa el jueves en la Academia de Medicina de Asturias

LAURA FONSECA GIJÓN.

Se especializó en virus en París tras finalizar la especialidad de Medicina Interna en el Principado, pero acabó inventando un modelo de piel artificial 'made in Asturias' que sirvió para tratar a pacientes quemados de todo el país. Álvaro Meana (Gijón, 1958) sentó, en la década de los noventa y tras renunciar a trabajar en la ciudad parisina, las bases del actual Banco de Tejidos del Centro Comunitario de Sangre del Principado, uno de los más prestigiosos y activos del país con más de mil piezas de huesos, tendones y arterias que se usan para reimplantar y tratar enfermedades. Su piel artificial y ahora también las córneas que intenta imprimir en 3D de la mano de un proyecto con el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, hacen que Asturias brille con luz propia en el campo de la terapia regenerativa. De eso precisamente, de la medicina regenerativa y de lo que ha supuesto para la región hablará este jueves en Oviedo con motivo de su toma de posesión como académico correspondiente en la Real Academia de Medicina del Principado de Asturias. Será a las ocho de la tarde, en un acto abierto al público.

-Ahora se habla mucho de la medicina regenerativa, pero cuando empezó allá por los años noventa con el proyecto de piel artificial en el Centro Comunitario de Sangre y Tejidos casi nadie pensaba que eso fuera posible. ¿Se siente un visionario?

-(Risas). Que va. Recuerdo que estaba trabajando en el Hospital de Cabueñes, en cuidados intensivos, y también en el laboratorio de Bioquímica del doctor Parra, de la Universidad de Oviedo, cuando desde el Centro Comunitario de Sangre y Tejidos (de aquella Centro de Transfusiones) me propusieron el proyecto. Y pensé, bueno, ¿porqué no?

-¿Era experto en piel?

-No, me había formado en virus y hacía bastante investigación, algo que me apasiona. Estuve en el Hospital Bichat-Claude Bernard y en el Instituto Pasteur, ambos en París, antes de volver a Asturias.

-Pero al final acabó creando un modelo de piel que fue exitoso. Asturias empezó a enviar tejido para tratar a pacientes quemados de dentro y fuera de España.

-Si, aunque fue después de mucho trabajo y de poder crear nuestro propio laboratorio. Vimos que lo que hacían otros no estaba tan bien e introdujimos cambios. También empezamos a colaborar con José Luis Jorcano, que de aquella ya estaba en el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, el Ciemat. Eso nos ayudó mucho.

-Y luego dio el salto a huesos, tendones, arterias y hasta córneas.

-Nos gustaría hacer mucho más, pero sí, el banco de tejidos que nació un poco de la mano de la piel artificial fue creciendo poco a poco y ahora podríamos decir que estamos entre los tres primeros del país. Somos un banco autosuficiente.

-¿Siguen haciendo piel artificial?

-Lamentablemente lo tuvimos que dejar porque, o dábamos el salto que exigía Europa (lo que nos obligaba a invertir por lo menos 300.000 euros), o teníamos que dejarlo. Además, el proyecto ya no hubiera sido rentable porque la piel resultante era muy cara.

-¿Y qué pasó?

-Hablamos con la Agencia Española del Medicamento, les dijimos que manteníamos la actividad de piel artificial pero solo para cubrir la atención de los pacientes quemados, y pasamos la tecnología y el proyecto a una empresa comercial. Pero con el tiempo ni siquiera fue rentable comercialmente por el tema de los costes tan elevados. Ahora estamos pensando en retomar el proyecto pero cambiando la forma de trabajar para reducir la inversión y hacerlo asumible para la sanidad pública.

-¿De qué coste estamos hablando?

-Nosotros poníamos la piel a un precio simbólico de 20.000 euros el metro cuadrado. Unos dos euros por un centímetro. Con eso cubríamos gastos y teníamos algo para pagar a los trabajadores.

-¿Entonces, cuánto cuesta tratar a un paciente quemado entero?

-Pues, con los precios comerciales actuales imagino que rondará entre los 120.000 y los 160.000 euros, más lo que cuesta el ingreso en la UVI. Estamos hablando de pacientes que están meses en cuidados intensivos.

-En los últimos años estamos asistiendo a grandes avances en materia de tratamientos, como ocurrió con la hepatitis C, pero los fármacos son carísimos. ¿Aguantará ese envite la sanidad pública?

-Estamos frente a una bomba de relojería. Ahora mismo, hay un tratamiento que elimina -no hablo de curar, sino de eliminar- la leucemia resistente a todos los fármacos, pero la dosis cuesta 400.000 euros al mes y eso no es asumible. El problema no es ese alto coste sino que empieza a haber máquinas que te permiten hacer el producto por unos 50.000 euros. ¿Eso es asumible?

-No sé, ¿lo es?

-Hombre, todo esto obligará a los gobiernos y a la sociedad a consensuar hasta dónde podrá llegar la sanidad pública, porque todo no se puede asumir. O eso, o luchar para bajar precios.

-En su ingreso en la Real Academia hablará de la medicina regenerativa. ¿Qué ha supuesto para Asturias?

-Muchísimo. La medicina regenerativa lo que te permite es reparar daños orgánicos, y tiene un campo amplísimo, pero hay un fenómeno que no se valora en toda su potencia como es el tema de los trasplantes de órganos y tejidos. España lleva más de veinte años siendo líder a nivel mundial. Todo ese engranaje, del que han participado todas las comunidades autónomas, ha generado unos mejores hospitales, unos mejores profesionales, con mayores destrezas y conocimientos, y una mejor sanidad. Ha sido un gran impulso que arrastró a toda la sanidad a subir de nivel, a desarrollar investigación y a situarse entre las mejores. Ojo, no digo que luego tengas que ir a operarte y tengas meses de espera, reconozco hay cosas que tenemos que cambiar, pero ha que valorar lo bueno también.

-¿Se llegarán a imprimir corazones, hígados o riñones en 3D?

-Se hará, pero todavía falta tiempo para eso. Lo que se conseguirá antes, estoy convencido, es imprimir piel. Eso se podrá hacer en tres o cinco años.

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