El Comercio

Devoción contra el frío y la niebla

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La Virgen sale en procesión de la ermita, acompañada de decenas de fieles. / L. ÁLVAREZ

  • Cientos de personas disfrutaron en el Alto del Acebo, en Cangas del Narcea, de la fiesta en honor a la 'santina' del Occidente

La niebla, el frío, y de vez en cuando la lluvia, que ayer protagonizaron la jornada en el Alto del Acebo, en Cangas del Narcea, no amedrentaron a los cientos de personas que no quisieron perderse la fiesta de la 'santina' del Occidente, la que más fieles congrega en Asturias después de la de Covadonga.

El santuario de la Virgen del Acebo volvió a convertirse ayer en lugar de peregrinación. A pesar del mal tiempo, desde primera hora de la mañana decenas de personas se animaron a realizar a pie los diez kilómetros que separan la capital del concejo cangués de la ermita, situada a 1.180 metros de altitud. Otros muchos llegaron en coche o en autobuses, desde distintas zonas de Asturias y León, principalmente, para asistir a una de las múltiples misas en honor a la santa que se celebraron durante la jornada.

Alrededor de la una y media terminaba el oficio central del día y la Virgen era sacada a hombros en procesión, acompañada del sonido de las gaitas y de los miembros del grupo de baile local Perendengue y del grupo folclórico La Alegría, de Porceyo (Gijón), que cumplía ayer cuarenta años consecutivos sin faltar a la cita con la 'santina' del Acebo. Tras dedicarle a la Virgen los bailes del Xiringüelo de Naves y del Son d'Arriba, la imagen volvía al templo en medio de una gran descarga de voladores.

Terminada la parte religiosa llegaba el turno de las meriendas en familia o con amigos que cada año acompañan la jornada. En esta ocasión, sin embargo, el frío y el orbayo echaron para atrás a muchos de los comensales que decidieron regresar a casa para disfrutar de la comida que habían preparado. Los más valientes se resguardaron bajo carpas y toldos, en lugar de las tradicionales mantas y manteles que cada año siembran los alrededores de la ermita, y varias decenas de familias optaron por ocupar las mesas de los dos establecimientos hosteleros con los que cuenta el Alto.

La Virgen de los vaqueiros

El culto en la zona se remonta varios siglos atrás, principalmente entre los vaqueiros de alzada, que visitaban la ermita original en su camino de vuelta hacia las brañas de Valdés, Tineo y Navia. Pero fue a partir de 1575 cuando se incrementó la devoción en la comarca, tras conocerse el primero de los milagros atribuidos a la Virgen del Acebo, un 8 de septiembre, cuando María de Noceda, paralítica hasta entonces, comenzó a caminar durante la procesión.

Unos años después se derribaba la antigua ermita y se construía la actual capilla, que fue inaugurada otro 8 de septiembre. La devoción por la santina del Acebo ha perdurado en el tiempo y, especialmente en los meses de verano, son miles los fieles que se acercan cada semana a agradecer o pedir algo y acudir a las misas que se celebran a diario.

Buena muestra de ello es el pequeño altar situado en el lateral derecho de la capilla, con un libro de peticiones y un frontal en el que los fieles depositan todo tipo de objetos para agradecer a la Virgen sus favores. Notas escolares, prendas de bebé o cascos de moto son algunos ejemplos de las ofrendas relacionadas con las oraciones a la Virgen