El Comercio

La vida en el monasterio de Cornellana, al descubierto

El alcalde de Salas, Sergio Hidalgo; el delegado episcopal de Bienes Culturales, Víctor Cedrón, y la directora de Patrimonio, Otilia Requejo, atienden las explicaciones del arqueólogo Alejandro García, durante la visita.
El alcalde de Salas, Sergio Hidalgo; el delegado episcopal de Bienes Culturales, Víctor Cedrón, y la directora de Patrimonio, Otilia Requejo, atienden las explicaciones del arqueólogo Alejandro García, durante la visita. / L. Á.
  • Las excavaciones en la cocina y la despensa del cenobio revelan aspectos sobre la alimentación y el modo de vida de los monjes

Los trabajos de excavación arqueológica que se han desarrollado en el monasterio de San Salvador de Cornellana, en el concejo de Salas, durante los meses de junio y julio permitirán a los expertos desvelar aspectos clave de la economía doméstica de los monjes y de la vida en el cenobio. En esta ocasión, la investigación se ha centrado en la cocina y la despensa del monasterio, en lugar de otros espacios arquitectónicos más estudiados en un edificio de estas características, como el templo, la sala capitular o el refectorio. «Las dependencias como la cocina, la bodega o la despensa, aunque de menor entidad arquitectónica, resultan sumamente valiosas para informarnos de cómo eran las condiciones de vida de los monjes y sus criados», señalaba ayer la directora general de Patrimonio Cultural, Otilia Requejo, durante la visita a Cornellana para dar a conocer los resultados de los trabajos.

Junto al alcalde de Salas, Sergio Hidalgo, y el delegado episcopal de Bienes Culturales, Víctor Cedrón, Requejo atendió a las explicaciones del arqueólogo Alejandro García Álvarez-Busto, que ha dirigido las labores promovidas por Cultura.

Residuos en el suelo

En la cocina se han identificado la pila de agua, las cañerías de barro por las que se conducía, los fogones o el pasaplatos por el que se introducían las escudillas con la comida en el refectorio. Pero lo más interesante, destacan, es el muestreo realizado de los residuos conservados en el suelo empedrado, que ahora serán analizados en el laboratorio y permitirán obtener una idea de cómo trabajaban los monjes y criados en este espacio.

En la despensa se ha identificado un podio con varias tinajas encajadas de las que se han recogido muestras de restos adheridos para tratar de averiguar qué tipos de alimentos se guardaban. Además, en una de las paredes se conservan unas cartelas pintadas justo por encima de los recipientes, en los que se indica la capacidad de almacenamiento en arrobas, un hallazgo «especialmente relevante».