El Comercio

«Nos vamos de Cudillero, la hostelería nos trata como si fuéramos a robarles»

Aspecto que ofrecía ayer a mediodía la primera, y última, edición de Fartukarte en la villa de Cudillero.
Aspecto que ofrecía ayer a mediodía la primera, y última, edición de Fartukarte en la villa de Cudillero. / D. S. F.
  • El festival Fartukarte renuncia a repetir en la villa pixueta tras el fracaso de la primera edición y se trasladará a otro concejo del Occidente en 2017

«No funcionó como esperábamos», reconocía Raquel Baragaño, de la organización del primer festival Fartukarte en Cudillero justo antes de anunciar que «no volveremos a organizarlo aquí». El principal motivo, según indican en la organización, es que «los vecinos del pueblo no nos quieren». Y es que, lamentó Baragaño, tanto los vecinos como los hosteleros «nos ven como si fuésemos a robarles algo». Esta portavoz de Fartukarte indicó que los catorce miembros de la organización comieron y cenaron en la hostelería local, además de pasar la noche en establecimientos de la villa pixueta. Además Baragaño asegura que «ofrecimos a la hostelería y comerciantes ponerse gratis y nadie quiso venir».

Aunque Fartukarte sí contó con el respaldo del equipo de gobierno, a falta de apoyo vecinal les ha llevado a renunciar. No volverán a Cudillero. El próximo año se trasladará a otra villa de la costa occidental asturiana. De hecho, ya se ha establecido contacto con un alcalde para llevar las 'food trucks' a otro municipio, aunque no se ha querido desvelar cuál. En otros lugares, como Ribadesella, Fartukarte resultó todo un éxito. Y, por ejemplo, en Gijón, la hostelería local cuestiona la sucesión de este tipo de citas de comida en la calle durante el verano.

En el caso de Cudillero, explican en Fartukarte, se había elegido este fin de semana, ya con el mes de septiembre avanzado, para «desestacionalizar el turismo». De hecho, reconocían no terminar de entender la razón del rechazo vecinal. Pero lo cierto es que tanto fue así que pocos vecinos se dejaron ver por Fartukarte. Y en las gastronetas no se ponían paños calientes tras un fin de semana en el que poco vendieron ante la escasa afluencia de asistentes. «Demasiados puestos para tan poca gente», indicaba Eduardo Ruano, encargado de un puesto de jamón pata negra de Salamanca. Luis Parajón, con un vehículo con tostas marineras, secundaba lo visto: «Mucha gente viene a pasear» y no para a comer.

Además de comida de todo tipo - desde hamburguesas y brownies a japonesa y vegana- en quince 'food trucks', el festival incluyó talleres de cocina para los más pequeños, juegos y colchonetas. También, actuaciones musicales.