El Comercio

«Le puedo decir a mi abuelo que tras la gloria no olvidé la memoria. Y una es Navia»

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Wilma Pastrana, esposa del gobernador; Ignacio García Palacios, alcalde naviego, y Alejandro García Padilla, delante de la casa natal de su abuelo en Navia. / P. CITOULA

  • Alejandro Padilla, gobernador de Puerto Rico, visitó ayer Navia, villa natal que vivieron sus ancestros y descubre una placa de hermanamiento

Sobrevolar el Atlántico y aventurarse a cruzar las grandes montañas teñidas de blanco, seguir los carteles de las carreteras en dirección a Asturias para después llegar a Navia. Un recorrido con el que ha soñado mucho tiempo el gobernador del estado libre asociado de Puerto Rico, Alejandro García Padilla, para cumplir una de las frases que escuchó decir a su padre: «Que no se te olvide el camino de regreso a casa». Y así lo ha hecho, de la mano de su familia y sonriente visitó ayer Navia, villa natal de su «querido y amado» abuelo, Carlos García Cadórniga.

Volvió a sus orígenes, a caminar por las calles que un día recorrieron sus antepasados, se aventuró a reencontrarse con la tierra que los vio crecer y que, a día de hoy, 104 años después de la salida de su abuelo, forma parte de su vida. «Mi abuelo siempre decía que: 'Tras la gloria no olvides las memorias porque el poder embriaga'». De hecho, ayer se presentó como un naviego más, como gobernador de Puerto Rico, ilustre, célebre, pero con los pies en la tierra, en su tierrina.

Y qué mejor manera de volver a sus raíces cuando, después de un recorrido por la villa, fueron a parar frente a la casa de su abuelo para descubrir, entre gaitas y tambores, una placa de hermanamiento entre España y Puerto Rico. «Somos un pueblo hispano, así nos sentimos. Estamos orgullosos de nuestra relación con los Estados Unidos, pero no vamos a dejar de ser puertorriqueños», explicó el gobernador respecto a la relación de su país con España. En relación con los Estados Unidos, Padilla mostró su preocupación por la reciente victoria de Donald Trump: «No solo es preocupante lo que él dice o piensa si no que tantos millones de norteamericanos piensen como él». En todo caso, a buen seguro que esos pensamientos quedarían relegados a un segundo plano. Y es que ayer era un día para los recuerdos, no para la política.

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