El Comercio

El entorno del tejo de Santa Coloma, Sitio Histórico

El tejo de Santa Coloma, declarado Monumento Natural en 1995, con la iglesia del Carmen, al fondo.
El tejo de Santa Coloma, declarado Monumento Natural en 1995, con la iglesia del Carmen, al fondo. / E. C.
  • El conjunto, situado en Allande, está integrado por la iglesia del Carmen y el árbol, uno de los más longevos de Asturias

Es un árbol colosal: más de catorce metros de altura, doce de envergadura y seis de perímetro. El tejo de Santa Coloma fue declarado monumento natural en 1995 por el Principado de Asturias. Es uno de los tejos más longevo de la región: se estima que podría tener más de 500 años de antigüedad. A apenas unos metros se levantó una iglesia románica construida en 1785 sobre los restos de otra que data del siglo XIV y bajo sus ramas, en la cara interna, se levantó un altar. Son los datos que han hecho posible que el entorno del tejo de Santa Coloma fuese considerado Bien de Interés Cultural, en la categoría de Sitio Histórico. La misma suerte han corrido otros once campos de iglesia del Principado de Asturias que vinculan el tejo con un elemento del patrimonio cultural material.

El tejo posee una fuerte carga simbólica. Su presencia en la región se remonta a los astures, que utilizaban el veneno de la semilla para suicidarse cuando eran sitiados por el enemigo. Los celtas veneraban el tejo, lo consideraron un árbol sagrado. Asociaban su extraordinaria longevidad con la inmortalidad. Sobre esa misma idea, se construyeron las iglesias y los cementerios situados bajo la protección de sus ramas. «Se entiende que los tejos son anteriores al templo religioso. Eran objeto de culto. Marcaban el lugar donde se realizaban las juntas vecinales y los acontecimientos importantes. Las iglesias vinieron a reconducir los ritos paganos entorno a estos árboles», relata el alcalde de Allande, José Antonio Mesa.

El concejo de Allande cuenta con otro tejo considerado Monumento Natural por el Principado de Asturias: el tejo de Lago. No obstante, este enigmático árbol está presente en todo el municipio con otros cuatro ejemplares en las localidades de Cereceda, Is, Berducedo y Bustantigo. Éste último será objeto de una fuerte inversión por parte del consistorio allandés, que destinará 39.000 euros a su recuperación. Este ejemplar se encuentra encorsetado en un muro de piedra y 'reclama' más espacio al hormigón de los alrededores de la Iglesia de San José. Precisa, además, un tratamiento para frenar su deterioro. «Se seguirán las indicaciones realizadas por los especialistas en Medio Ambiente. Hay que retirar hormigón y tratar las ramas del tejo para que perviva el árbol», aclara el regidor.

El objetivo de estas actuaciones por parte del Ayuntamiento es recuperar estas joyas del patrimonio que dejaron los celtas y rescataron los posteriores pobladores de la región. «Sobre todo, lo que pretendemos es que no se repita lo sucedido con el tejo situado junto a la iglesia de San Martín del Valledor, que se secó», lamenta el primer edil.

«Necesitan protección»

«No hay medidas de protección para esta especie. No hay vigilancia sobre estos monumentos. Ni siquiera hay intención», denuncia Ana López Cienfuegos, bloguera de 'Amigos del Texu' y apasionada de esta especie. Coincide con Antonio F. Morcuende, secretario de la Asociación Amigos del Tejo y las Tejeras, quien señala que una de las asignaturas pendientes en la conservación de estos monumentos naturales es la falta de fondos que permitan garantizar su mantenimiento. «El tejo es un especie muy singular y requiere un tratamiento muy concreto», advierte. Uno de sus enemigos son las podas por el crecimiento horizontal de sus ramas y las visitas en masa a esos entornos. «Una de las peculiaridades del tejo es que tiene una muerte muy lenta. Las heridas abiertas y la acción de los hongos sobre ellas los matan poco a poco», explica. Se trata de impedir que los tejos mueran de éxito, que agonicen ante la presión del turismo en masa. El tejo puede ser eterno.

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