140 años de Reyes en Morodo

Los niños siguen soñando frente al escaparate de Morodo. /  B. G. H.
Los niños siguen soñando frente al escaparate de Morodo. / B. G. H.

El comercio tradicional se resiente en la juguetería de Cangas y las compras online han ganado terreno en estas navidades

BELÉN G. HIDALGO CANGAS DEL NARCEA.

Han pasado 140 años desde que la tienda de Morodo abriese sus puertas en la villa canguesa. En las inmediaciones de la plaza del Ayuntamiento comenzaba en 1877 su andadura Morodo de todo. Desde bombillas a alimentos, pasando por juguetes, el buque insignia de la casa. «Hay algún juguete que aún tenemos por aquí que hoy son verdaderas reliquias», cuenta María Isabel Morodo, miembro de la cuarta generación de su familia que está al frente del negocio.

Confiesa que el mundo del juguete es algo que «tiene que gustarte» y destaca lo importante que resulta para este negocio «mantener vivo el niño que llevas dentro». A ella se lo contagiaron sus antepasado. Sin embargo, se ha hecho la idea de que será la última generación de Morodo. «Pinta feo. No veo a mis hijos en este negocio», anticipa. Lamenta que el auge de las compras online haya cambiado tanto los hábitos de consumo en la sociedad y afirma con rotundidad que «es un realidad contra la que es muy complicado luchar». Establece cierto paralelismo con el cambio de paradigma que supuso la irrupción de las grandes superficies. «Al pequeño comercio nos afectó mucho. Ahora, las ventas online nos afectan a grandes y a pequeños», critica.

Sin embargo, María Isabel no deja de envolver regalos y se niega a perder la ilusión por su trabajo. «No hay nada más bonito que ver los ojos de los niños cuando ven un juguete nuevo a través del escaparate», afirma mientras envuelve regalos que hoy han sacado cientos de sonrisas.

Otra época

Su abuelo, otro apasionado de este mundo, reservaba una sección de la tienda conocida como '0.20' para aquellas familias que no disponían de recursos pudiesen comprar juguetes a un precio más asequible. «Fue la campaña 'Un juguete, una ilusión' de ese momento aquí».

Del mismo modo que los hábitos de consumo se han ido modificando, también lo han hecho los gustos de los más pequeños. Sin embargo, hay juguetes que nunca pasan de modo. «Las muñecas se siguen vendiendo y cada vez, más», cuenta echando la vista atrás y recordando que las de antaño tenían los ojos más pequeños y las actuales vienen con unas pestañas enormes. Lo mismo sucedió con los juegos: antes eran de mesa, ahora todos son electrónicos y los tableros han pasado a ser reclamados por los más mayores de la familia.

En la mente de los cangueses aún persiste la imagen de un rey mago de cartón que presidía la tienda para recoger las cartas a los Reyes Magos. «Todos se acuerdan de él. Ahora ya hay familias con grupos de Whatsapp para enviar las cartas», relata.

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