Antón 'El Chicote' vendimia en familia

Los voluntarios se afanan en la recogida de uva en las viñas de Antón Álvarez, 'El Chicote'. / B . G. H.
Los voluntarios se afanan en la recogida de uva en las viñas de Antón Álvarez, 'El Chicote'. / B . G. H.

La recogida de la uva en esta bodega de la DOP Vino de Cangas se ha convertido en una fiesta que reúne a cientos de voluntarios

BELÉN G. HIDALGO LIMÉS (CANGAS DEL NARCEA).

Antonio Álvarez, más conocido en Cangas del Narcea por Antón 'El Chicote', ha vuelto a convertir la vendimia en una celebración que pocos quieren perderse, al menos, en sus viñedos de Limés: Penderuyos y La Galiana. «No lo podemos considerar trabajo, venir a vendimiar con Antón es una fiesta», contaban la mayoría de los voluntarios. Antón calcula que habrán participado unas 170 personas. «El beneficio que se llevan no es otro que la barriga llena y la diversión», asegura este bodeguero cangués. Cuenta que, tras el desayuno, salen a vendimiar y regresan para «acicalarse y hacer la foto de familia que luego pongo en el bar». Después, se sentarán a la mesa y, ya entrada la tarde, dará comienzo la fiesta.

Manuel Álvarez y José Manuel González llegaban desde Iboyo, en Allande. «Somos amigos de Antón. Es la primera vez que venimos», explicaban sin dejar de trabajar. También ayer se estrenó en estas lides Arturo Álvarez, invitado por el bodeguero: «No es un trabajo complicado y el ambiente es estupendo. Repetiré». Hay quienes regresan, como Arti Díaz, que conoció a Antón 'El Chicote' a través de una afición común: la canción asturiana. «Vengo desde Mieres. Dejé de venir tras un accidente. Pero si puedo, no me lo pierdo», confiesa.

Mientras continuaban las labores en la viña, en la bodega estrujaban la uva para que comenzase a fermentar el mosto. «Se recogerán unos 12.000 kilos de uva que darán unos 8.500 litros de vino», calculó el enólogo, Manuel Areal.

Tampoco cesaba el trabajo en la cocina ni en la barbacoa, donde se afanaban para tener todo listo para el banquete. Tras la comida siguió el baile. «Hay de todo: gaita, acordeón...», concluyó Antón.

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