Calor y emoción en Aristébano

Los novios, Yolanda Martínez y Pablo Cuervo, con sus padrinos. / FOTOS: TAREK HALABI

La braña valdesana acogió una nueva edición de la Vaqueirada en la que Yolanda Martínez y Pablo Cuervo unieron sus destinos y se recordó la cultura de los trashumantes asturianos

PABLO A. MARÍN ESTRADA

La climatología juega siempre un papel importante en la Vaqueirada de Aristébano y si el año pasado dispuso una boda pasada por agua, ayer jugó a favor de los contrayentes: Yolanda Martínez Valdés y Pablo Cuervo Díaz, con un sol que llevó incluso a que el párroco de Naraval, oficiante de la ceremonia religiosa, llegase a pedir a la organización de la fiesta que «para el próximo año me pongan una sombrilla».

La braña valdesana acogía la edición número 59 de esta romería con el recuerdo a quien fuese su principal animadora durante décadas: Carmen Martínez 'Carminina' -homenajeada el día antes en Luarca- y algunos cambios como la reducción del número de vaqueiros de honor y el adelanto de la entrega de estas distinciones al mediodía, tras la misa, en lugar de hacerlo durante la tarde. Los distinguidos con la 'guiada' del Consejo Rector de la Vaqueirada, fueron, junto a los novios, los otros protagonistas de una celebración en la que se reivindica la cultura de un pueblo, objeto de marginación durante siglos, por su modo de vida trashumante.

Además de para 'Carminina' hubo también un recuerdo especial para otras figuras desaparecidas, siempre presentes en la fiesta, como la cantadora Rogelia Gallo y don Cándido García «el cura que pidió perdón a los vaqueiros» (como recordó públicamente el Consejo Rector) por su segregación en iglesias y cementerios. La tradición musical de este pueblo estuvo representada un año más por el grupo La Corte de la braña de Enverniego, al que acompañaron el conjunto Perendengue y el dúo de pandereteras Las Tsacianiegas, formado por las hermanas Raquel y Laura Álvarez, de San Miguel de L.laciana (León), puente entre la cultura común a ambos lados del cordal, que reivindicaron al son de unas vaqueiras: «Aunque somos tsacianiegas/ tenemos sangre asturiana».

Los novios, Yolanda y Pablo, fueron un manojo de nervios desde los momentos previos al inicio del cortejo desde el caserío de la braña al lugar de la ceremonia y no lograron relajarse hasta la conclusión de la misma, cuando ya eran marido y mujer. Vecinos de Pravia: ella de Castrillón y él praviano con ascendencia vaqueira en los concejos de Cudillero y Somiedo, aguantaron estoicamente bajo sus atuendos tradicionales el calor de la jornada y las pullas que el cura, Alejandro Fuentevilla, les lanzaba intentado apaciguar su nerviosismo. Yolanda se emocionó al oír sonar la gaita en la ceremonia, el instrumento que su padre Laureano -fallecido hace dos años- tocó siempre y por el que era muy apreciado en su lugar familiar de Piedras Blancas. Las piezas interpretadas durante el acto habían sido elegidas por ella en memoria del padre gaitero.

Tras la misa al aire libre tuvo lugar la entrega de las distinciones como Vaqueiros de Honor. En la presente edición el reconocimiento del Consejo Rector de la Vaqueirada fue para la antropóloga María Cátedra, pionera en los estudios científicos sobre los trashumantes asturianos; el físico Juan Manuel Rodríguez Parrondo, autor de una paradoja matemática bautizada como su segundo apellido -de probada estirpe vaqueira-, 'La paradoja Parrondo'; el escritor y colaborador de EL COMERCIO Xuan Bello, Premio Nacional de Lliteratura Asturiana y vecino 'xaldo' (campesino, no vaqueiro) del cercano Paniceiros. Carmen González y Francisco Feito fueron los Vaquieros Mayores; y el músico y responsable hasta su jubilación del Conservatorio de Luarca, José Fernández Avello; la presidenta de Cruz Roja de Asturias, Celia Fernández Fernández; y la Asociación Bolo Celta de Tineo, los otros galardonados en la romería de Aristébano.

«Como si me hubiese admitido el Rey Arturo en su tabla redonda», aseguraba, con humor, sentirse el autor de 'Historia universal de Paniceiros' tras la entrega de su guiada honorífica. Luego, más en serio, confesaba que en su condición de 'xaldo' representaba «un arguyu grande porque adoptar la identidá del vecín ye un de los mayores honores culturales que te pueden facer». Bello expresó su admiración por el pueblo vaqueiro: «Nun esaxero si digo que los vaqueiros son los inventores d'eso que se chama la ciudadanía globlal», ya que: «siempre lo fueron sin abandonar la sua forma de falar, la sua raíz, coleccionaban outras identidades, podían ser madrileños, neoyorquinos, pero siempre yeran vaqueiros y sabían siempre onde taba Escardén o Aristébano», afirmó.

Igual de honrada se manifestaba la antropóloga María Cátedra. Regresaba a una de las brañas en las que convivió con vaqueiros de Valdés y Tineo para realizar el trabajo de campo de sus estudios sobre esta cultura. Mientras saludaba a algunos de quienes fueran sus informantes recordaba que «desde entonces no volví aquí, aunque mantuve correspondencia con muchos de ellos durante todo ese tiempo». Uno de ellos era Gonzalo Berdasco, nieto de Rogelia Gallo y hoy miembro del Consejo Rector de la Vaqueirada: «¡Apenas has cambiado!, ¡cómo me alegra verte!», le decía la investigadora de la Universidad Complutense.

Desde el 17 de agosto de 1958 en que se celebró la primera Vaqueirada hasta la de ayer, la celebración de Aristébano, como el nieto de Rogelia Gallo a los ojos de la antropóloga María Cátedra, apenas ha cambiado demasiado y el rito se cumplió una edición más. Para los recién casados, Yolanda Martínez y Pablo Cuervo, no será una más. Y como les deseó más de un asistente a la boda: ojalá lo haya sido en buena hora.

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