Más de 200 equinos se citan en la Feria del Caballo belmontina

Varios ejemplares, en la valoración del jurado del certamen equino. / B. G. H.
Varios ejemplares, en la valoración del jurado del certamen equino. / B. G. H.

123 ganaderías de toda Asturias y de León participaron en la décimo quinta edición

BELÉN G. HIDALGO BELMONTE DE MIRANDA.

La Feria del Caballo se consolida en el calendario regional como una de las citas ineludibles para el mundo equino. Con quince años de historia, la cita logró reunir a 218 caballos procedentes de ganaderías que llegaban al concejo desde diferentes puntos de la región y también de la vecina provincia de León. En total, 123 ganaderías participaron en el certamen morfológico que este año estuvo marcado por la lluvia. «El concurso se encuentra en un buen momento», cuenta María Teresa Rodríguez, vecina de Begega y miembro de una de las familias que promovió el certamen. «Entonces solo había concursos de vacas y decidimos hacer uno de caballos», explica mencionando a Mario Flórez, de Ondes, fallecido recientemente y quien también contribuyó a su puesta en marcha.

El sábado fue el turno de los ejemplares de razas cruzadas, pura raza árabe y pura raza española. «A pesar del mal tiempo, fallaron pocos. La calidad de los caballos es realmente buena. La cita se consolida, de hecho, ampliamos la sección de cruzados», explica la regidora belmontina, Rosa Rodríguez, que también señaló que la feria cuenta con participantes «fieles, que repiten cada año», pero también con nuevos ganaderos. Ayer se procedió a clasificar a los asturcones, caballos de tiro, yegua con rastra y corros. Sin embargo, las condiciones climatológicas impidieron el concurso de arrastre y condicionaron el espectáculo ecuestre de la escuela de equitación 'Centauro', que tuvo que adaptarse al espacio del recinto ferial, pues el campo de fútbol estaba anegado por la lluvia.

Fuera de pista se ensalzó la calidad de los ejemplares. El criador belmontino de yeguas de actitud cárnica, Óscar Fernández, compartía el criterio. «Esto es una afición. No se puede vivir de ello. No estamos acostumbrados a consumir esta carne, rica en proteínas y baja en grasa. Nos falta esa cultura», afirmó. Sin embargo, reconocía que los precios eran «aceptables» y la existencia de demanda, sobre todo, en países como Italia o Francia.

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