Feve sentencia a la estación de San Martín de Luiña y prepara su demolición

Arriba, el inmueble diseñado por Francisco González Quijano, recién levantado, a mediados del siglo XX. A la izquierda aspecto actual, con la cubierta hundida y el vestíbulo cerrado por riesgo de desprendimiento. / FONDO DEL ANTIGUO MOPU / E. C.

Espera permiso para derruirlo tras no recibir ofertas por él. «Tiene un gran valor, se le podría dar uso. Si cae, tirarán otras», dice un catedrático

RAMÓN MUÑIZ CUDILLERO.

La estación ferroviaria de San Martín de Luiña tiene las horas contadas. Feve -hoy una división integrada en el grupo Renfe- ha reactivado su propósito de reducir a escombros este inmueble diseñado en 1950 y considerado por los historiadores un ejemplo intermedio entre las dos corrientes dominantes en la época: el racionalismo y el regionalismo. El inmueble lleva años cerrado y, aunque exteriormente su estructura de piedra sigue en pie, tiene la techumbre seriamente deteriorada.

La empresa acaba de abonar las tasas que exigía el consistorio pixueto para autorizar el derribo y está pendiente de recibir el consiguiente permiso en cuestión de días. Desde el año pasado tiene adjudicada a Posada Organización S. A. la demolición y retirada de los escombros, todo en un mes de plazo y a cambio de 20.288 euros. «Ofrecimos el edificio a otras instituciones, pero nadie quiso asumir su gestión, reparación y mantenimiento», explican fuentes de la operadora pública.

Renfe recuerda que el inmueble «carece de aprovechamiento o uso ferroviario». Alrededor del año 2001, el edifico ya sufría un serio deterioro, lo que obligó a cerrarlo por el riesgo de desprendimiento en los soportales. La empresa puso una marquesina próxima a las vías, a modo de apeadero, y dio la espalda a la vieja estación. «Tiene la cubierta hundida y la estructura afectada, por eso, por seguridad, se procederá al derribo cuando tengamos autorización para ello», afirman en la operadora.

El edificio se inserta en la línea Ferrol-Gijón, cuya construcción comenzó con el general Miguel Primo de Rivera y no concluyó hasta septiembre de 1972. «Es la última línea de ancho métrico hecha en Europa», anota Guillermo Bas, doctor en Historia del Arte por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

El especialista considera «incuestionable» el valor del edificio, que responde a un diseño del ingeniero Francisco González Quijano, humanista de la época encargado de dibujar los vestíbulos del tramo entre Pravia y Luarca. La normativa de la época prescribía levantar una terminal cada veintidós kilómetros, lo que habría facilitado que todos los edificios fueran iguales, propiciando en el viajero una sensación de monotonía capaz de deslucir un trayecto de gran interés paisajístico. Los proyectos sin embargo evitaron esa simetría, dando a todas estaciones giros y peculiaridades propias.

«En pleno siglo XXI no deberíamos tener que discutir el valor de este patrimonio, porque es incuestionable», sostiene Bas. El catedrático estima que «con una inversión mínima, un edificio de estas características, cerca del mar, puede tener múltiples usos hosteleros, de restauración, como albergue o vivienda particular». El especialista evoca las estaciones derrumbadas en las últimas décadas, como la de Caces (Oviedo) o Las Segadas (Ribera de Arriba) y advierte: «Si San Martín de Luiña cae, tendrá un efecto domino, porque hay otras en similares condiciones de abandono que serán tiradas después».

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