Los gigantes y cabezudos animan las calles en la víspera del Carmen

Gigantes y cabezudos, a su paso por la calle Mayor de Cangas.
Gigantes y cabezudos, a su paso por la calle Mayor de Cangas. / B.G.H.

Un cielo despejado y un ambiente festivo marca la jornada previa a la Descarga que se prevé «muy rápida» por las altas temperaturas

BELÉN G. HIDALGO CANGAS DEL NARCEA.

Pleno mediodía y más de una docena de niños permanecían inquietos en el patio del Palacio Conde de Toreno. Ya se habían acicalado para el desfile de gigantes y cabezudos. Esperaban con nervios el momento en que Telva, Pinón y el ogro decidiesen iniciar el recorrido por las calles de la villa canguesa. Entonces, se convertirían en los cabezudos de estas fiestas. Así fue. «Vienen por su propia voluntad. Tienen entre 7 y 12 años», cuenta Falo antes de meterse en la piel de Pinón. «Cada gigante puede pesar entorno a los 20 kilos», explica.

El cielo despejado y un sol radiante despertó a la villa que, en apenas unos minutos, iniciaba la jornada festiva que, al mismo tiempo, ponía en marcha la cuenta atrás para el día grande, el día de la Descarga. La peña La Madreña marcaba el itinerario por la calle Mayor, con sus jóvenes integrantes repartiendo caramelos. Detrás, los gigantes y cabezudos bailaban al son que marcaba el grupo Son d'Arriba.

Ya de regreso, frente al Ayuntamiento, María Elvira Valdés, una argentina con raíces canguesas, confesaba que era la primera vez que vivía las fiestas de El Carmen. «Vengos desde Buenos Aires. Llevo años escuchando sobre este fiesta. Me encanta ver cómo la gente se divierte y, al mismo tiempo, hace que te diviertas. Es muy lindo», cuenta. Espera con emoción la Descarga. «Lo poquito que he podido ver hasta el momento es relindo. Cuando se acerca el final, se te pone el vello de punta», explica.

Mientras unos disfrutan del ambiente festivo que impera en las calles, los tiradores esperan que el tiempo acompañe. Aunque no amenaza la lluvia, lo cierto es que las altas temperaturas influyen. «La máquina se calienta y el fuego va más ágil, por tanto, la descarga es más rápida», cuenta Alberto Prieto, miembro de la Peña La Esencia. Los tiradores están coordinados con las máquinas. En el Prao El Molín ya cuentan las horas para comenzar a tirar y «apurrir sin que se manque nadie».

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