Luarca despide a Ana María Rodríguez, «una docente entrañable»

El féretro, a su llegada a la iglesia parroquial de Santa Eulalia de Luarca. / DAVID SUÁREZ FUENTE
El féretro, a su llegada a la iglesia parroquial de Santa Eulalia de Luarca. / DAVID SUÁREZ FUENTE

El IES Carmen y Severo Ochoa, donde falleció la maestra, suspendió las clases el lunes y ayer declaró la jornada no lectiva

BELÉN G. HIDALGO LUARCA (VALDÉS).

Un abrumador silencio imperaba a las puertas de la iglesia parroquial de Santa Eulalia, en Luarca, a las cuatro de la tarde de ayer. A esa hora, cientos de personas esperaban la llegada del féretro de Ana María Rodríguez, la profesora de Matemáticas del instituto luarqués Carmen y Severo Ochoa que había fallecido el día anterior repentinamente, tras desplomarse en el aula ante sus alumnos de Bachillerato.

Aún conmocionados y sin dar crédito a lo sucedido, amigos, familiares, compañeros, alumnos, vecinos y conocidos de Rodríguez acudieron a dar el último adiós a la profesora de 57 años, quien durante más de dos décadas convirtió una asignatura con la que muchos tropiezan en una materia asequible para los desertores de los números, las misteriosas ecuaciones y las retorcidas matrices.

Ana María Rodríguez era una persona muy querida y conocida en la villa blanca. Su marido, Juan Carlos Menéndez, regenta un negocio de hostelería en la zona: el restaurante Sport. Además, es tesorero de la asociación Más Valdés Luarca. Tino Ron, presidente de este colectivo y gran amigo del matrimonio, se mostraba visiblemente conmocionado en el sepelio. También estuvieron presentes representantes del mundo empresarial y del gremio hostelero de Luarca.

La familia, arropada por los abrazos de quienes acudieron al funeral de Ana María Rodríguez, entró en el templo, que en esta ocasión se quedó pequeño. Una corona de claveles rosa de la madre de la difunta precedió el féretro. En el altar, los párrocos Emilio Menéndez y Marcos Cuervo, aguardaron para iniciar el acto religioso. «Estamos perplejos», acertó a decir Menéndez, al iniciar la homilía.

Luto en las aulas

Las sillas y mesas de las aulas del centro donde impartió sus clases durante más de veinte años permanecieron ayer vacías, en señal de duelo por su muerte. No había alumnos correteando por los pasillos. Tampoco se escuchó bullicio en el patio a la hora del recreo porque la dirección del centro declaró la jornada no lectiva, a tenor del impacto que tuvo la muerte de la profesora en la comunidad educativa. Aunque las clases ya se suspendieron el lunes a mediodía, horas después de que la profesora se desplomase cuando impartía la primera clase tras el regreso de las vacaciones navideñas.

Su visión de las matemáticas y de la enseñanza fueron destacadas por los compañeros que compartieron con ella horas de trabajo en el centro, también por los padres de los alumnos del Carmen Severo Ochoa de Luarca. «Colaboraba con todos, era un docente entrañable. Es sin duda, una pérdida irrecuperable», apuntó Ángel Luis Granda, presidente de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (Ampa) del centro. Granda destacó de Ana María Rodríguez, la profesora con la que la mayoría de los estudiantes querían preparar la prueba de acceso a la Universidad, su visión de la enseñanza y de la materia que impartía, que ella consideraba «un pilar fundamental en la formación», dijo.

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