Sin miedo a tirar voladores en Cangas

Una tiradora recibe las instrucciones de Pablo Fernández sobre cómo tirar un volador.
Una tiradora recibe las instrucciones de Pablo Fernández sobre cómo tirar un volador. / B. G. H.

«El brazo tiene que estar colocado por encima del oído y alejado de la cara. La mecha se arrima de lado y el palenque sale solo», dice Pablo Fernández | Más de setenta peñistas reciben nociones básicas de pólvora antes de la Descarga

BELÉN G. HIDALGO CANGAS DEL NARCEA.

La pólvora corre por las venas de los cangueses, va en su ADN. Desde la más tierna adolescencia, los jóvenes del concejo se inician en el arte de tirar voladores. Para mantener esta tradición de forma segura, la Federación de Peñas de la Pólvora ha organizado un curso con el que enseñar a los peñistas una serie de nociones básicas. Pablo Fernández, el encargado de impartirlo, insiste en que «lo más importante es no tener miedo». Para perder ese temor y ganar confianza, más de setenta peñistas asistieron a su clase magistral en el prau El Molín.

Tras explicar al público las diferentes partes que forman el volador, Pablo enunció las medidas de seguridad más importantes que han de tener en cuenta tanto los tiradores como los apurridores (los que entregan los voladores al tirador). «Es muy importante revisar el entorno: que no exista cableado, comprobar la dirección del viento y respetar las distancias entre el tirador y el apurridor, que ha de ser de metro y medio», explicó. Además, entre tirador y tirador debe mediar una distancia de dos metros y medio. «La labor del apurridor es esencial. Suele ser una persona de confianza, tu mejor amigo, el que no te falla», añadió.

«Los dedos funcionan como pinzas a la hora de coger el volador. Los tiradores tienen la misma función que los hierros de las máquinas. Por tanto, se mantiene en posición vertical. El brazo tiene que estar colocado por encima del oído y alejado de la cara. La mecha se arrima siempre de lado. El volador sale solo», concluía el instructor antes de pasar a la acción. Por motivos de seguridad, los voladores para estos alumnos carecían de carga explosiva.

Aunque se inscribieron jóvenes, entre los asistentes también había algún veterano que quiso pulir su técnica. Entre ellos, Iván Flórez, de la peña La Parva: «Aprendes mucho, sobre todo, de medidas de seguridad». «En Cangas, la gente empieza a tirar (voladores) desde que es un crío. Los hay con experiencia que vienen al curso. Se trata de asegurar el legado que nos dejaron. La Descarga es nuestra forma de rezarle a la Virgen, que vela por nosotros desde allí arriba», indicaba Pablo clavando su mirada en la capilla del Carmen, situada justo a sus espaldas.

Para Vanesa González éste es el segundo curso que realiza. «Es importante saber cómo funciona. Hay gente que nunca ha tirado uno. En realidad, es muy sencillo. Lo más complicado: quitarte el miedo», afirma. Sus amigas se animaron este año y confiesan que acudían con nervios. Tras tirar media docena, todas aseguraban que «el año que viene, ¡al Carmen de cabeza!».

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