La nieve y la lluvia impiden retomar la procesión del Silencio en Tineo

La nieve y la lluvia impiden retomar la procesión del Silencio en Tineo

Cuarenta años después, el temporal fue el responsable de que no procesionasen por las calles tinetenses el Nazareno, el Cristo Yacente, la Soledad y la Dolorosa

BELÉN G. HIDALGO

Fueron necesarios cuarenta años para que los tinetenses se decidiesen a retomar la procesión del Viernes Santo. Desde hace más de cuatro décadas, la procesión del Silencio había enmudecido y el Nazareno, el Cristo Yacente y las imágenes de la virgen de la Soledad y la Dolorosa aguardaban entre los muros de la iglesia parroquial de San Pedro, a la espera de que los devotos retomasen la tradición. Ayer, el silencio propio de la espera de la Resurrección de Jesús fue roto por el sonido majestuoso de las gaitas y las marchas procesionales de Viernes Santo, pero tuvo que ser entre los muros de la iglesia parroquial de San Pedro, pues la lluvia y la nieve impidieron que las imágenes saliesen del templo.

Tras el oficio religioso, confiados en que el cielo concediese una tregua, intentaron que se celebrase la procesión. Pero no fue posible. Pasados unos minutos de las ocho y media de la tarde, el Nazareno se encontraba dispuesto para presidir la procesión, seguido de la imagen de la Soledad que, en palabras del párroco, «quizás sea la más sencilla, pero muy entrañable y querida en Tineo», pero no llegaron a salir del templo. Tampoco lo haría la talla del Cristo Yacente, «de finales del XX, policromada, hermosa y muy llamativa», que procesionaría en tercer lugar, seguida por la imagen de la Dolorosa. Con ganas también se quedaron los niños que este año se preparan para recibir la Primera Comunión y que saldrían en medio de las cuatro imágenes, «muy ilusionados», portando antorchas eléctricas y mostrando el estandarte que también habían rescatado del olvido para la ocasión. Los mineros, con su funda azul, el casco y la lámpara, tampoco pudieron portar al Nazareno, la misma suerte corrió el Cristo Yacente en su urna de cristal y las imágenes de la virgen de la Dolorosa y la Soledad de la que se encargarían las mujeres.

Ante las inclemencias del tiempo, el párroco comunicaba que la procesión no se celebraría. Los feligreses, a las puertas de la iglesia parroquial, volvían de nuevo al templo, cabizbajos, lamentando la suspensión de la procesión. En su lugar, se procedió a rezar el Sermón de las Siete Palabras. Las gaitas sonaron como deberían haber sonado en las calles de la villa y los mineros y las mujeres alzaron las imágenes. No hubo procesión pero la fe de los devotos no se vio vencida por la nieve.

Tradición recuperada

La recuperación de esta procesión fue idea del párroco destinado a la parroquia el pasado mes de septiembre. Se quedó maravillado con la riqueza de imágenes y la devoción de los feligreses hacia las mismas. Desconocía por qué no se celebraba una procesión. «Me respondieron que lo que impedía la procesión era la falta de gente, pues son necesarias varias personas que lleven los pasos. Llegaron a contarme que hasta hubo una cofradía», recuerda el párroco. Ante la respuesta, el recién llegado párroco no cedió al desaliento. Aprovechando la eucaristía de Santa Bárbara, el 4 de diciembre, lanzó la propuesta a la Asociación de Entibadores Mineros de Santa Bárbara. Operación que repetiría más tarde con la Asociación de Amas de Casa. «Les pareció fenomenal desde el principio. La respuesta fue favorable y nos pusimos manos a la obra», cuenta agradecido el párroco por la respuesta recibida. «Esperemos que el año que viene, el tiempo nos permita procesionar», concluía el párroco, Julián de Hoyos, ante las rostros de resignación de quienes habían trabajado en la recuperación de esta procesión.

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