El pueblo cangués de Llano despide al vecino que murió ahogado en el río

El féretro de Onésimo González, a su llegada al cementerio de Santa Eulalia de Cueiras. / B. G. H.
El féretro de Onésimo González, a su llegada al cementerio de Santa Eulalia de Cueiras. / B. G. H.

Decenas de personas se acercaron al cementerio, donde la familia agradeció a los voluntarios el apoyo recibido en la búsqueda de Onésimo González

B. G. H. CANGAS DEL NARCEA.

Silencio absoluto en el cementerio parroquial de Santa Eulalia de Cueiras, donde decenas de vecinos del pueblo natal de Onésimo González, la población canguesa de Llano, acudieron a despedir a su vecino, cuya desaparición los mantuvo en vilo durante días. Su cuerpo apareció en el río Narcea a última hora de la tarde del miércoles, a la altura del Puente del Infierno, tras un dispositivo de búsqueda que arrancaba el 6 de abril en el que también participaron los vecinos. Onésimo González murió ahogado al caer al río mientras pescaba en la roca que se encuentra frente a su casa.

A las cinco de la tarde de ayer, sus vecinos acudían al entierro, un adiós en el que imperó un silencio sobrecogedor. Fue un funeral sencillo, en el que no se celebró oficio religioso de ningún tipo por expreso deseo de la familia del difunto. Ésta agradeció a vecinos y voluntarios de pueblos aledaños su colaboración en la búsqueda de Onésimo. «Se ve que la gente del pueblo lo quería», afirmó el tío del fallecido, Manuel González, afectado por el triste final de su sobrino.

Los vecinos de Llano definían a Onésimo González como «un chaval noble, que se relacionaba con todo el mundo». Lo recuerdan paseando por el río, donde disfrutaba pescando o acudía para darse un chapuzón en verano junto a los críos del pueblo. «Nadaba como una anguila», llegaron a decir.

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