'Os reises' se apoderan del Valledor

'Os reises' sacan a bailar a vecinos y visitantes frente a la iglesia de San Salvador del Valledor. / B. G. H.
'Os reises' sacan a bailar a vecinos y visitantes frente a la iglesia de San Salvador del Valledor. / B. G. H.

Entre trastadas y cánticos, los 'guapos' y los 'feos' pidieron el aguinaldo a los vecinos | La mascarada de invierno recorrió los pueblos de Villalaín, San Salvador y Fonteta, donde hubo una comida de hermandad

BELÉN G. HIDALGO EL VALLEDOR (ALLANDE).

Fieles a su cita, desde que se rescató del olvido la tradición allá por 2009, los pueblos del Valledor se preparaban desde primera hora de la mañana para recibir a 'Os reises'. Los 'guapos' y los 'feos', acompañados por el 'choqueiro' que anunciaba su llegada con las chuecas colgadas de su cinturón, fueron de puerta en puerta pidiendo el aguinaldo. La gocha ejercía de tesorero y guardaba a buen recaudo todo los que los vecinos donaban a la causa. «Lo que recogemos lo comeremos después en Fonteta», explicaba.

El militar y el valenciano, con sus respectivas madamas, se detenían en cada casa con plena disposición a cantar, no sin antes pedir permiso. «¿Cantamos o andamos?», preguntaba la gocha. Todos dieron su beneplácito para que la música no dejase de sonar. Así, 'los guapos' entonaban con empeño a cambio de una recompensa con que llenar el saco. «Venimos cuatro/ cantaremos dos/ denos el aguinaldo/ señora por Dios», coreaban.

Mientras, el resto de la comitiva emprendía las trastadas. El maragato se marcó como objetivo no privar a nadie de un bocado de nabo, el rodalo no dejó títere con cabeza y hasta las berzas fueron víctimas de sus gamberradas, la basoira ensució más que limpió y la cardadora se mostró más preocupada por encontrar piojos en cuanta cabeza pillase desprevenida que por cardar la lana.

A mediodía voltearon las campanas de la iglesia de San Salvador. Así fue como el choqueiro logró que el resto de la comitiva se juntase frente al templo y, en unos minutos, 'Os reises' sacasen a bailar a vecinos y foráneos al son de gaita y tambor.

Javier Cayado acudía por primera vez al festejo. «Me llaman mucho la atención las máscaras, los pellejos con los que cubren la cara y los cencerros», contaba reconociendo que había merecido la pena atravesar tan serpenteada carretera por la sierra del Valledor. Quien repite desde hace tres años es Ángel Álvarez, un allerano enamorado de la etnografía del lugar y de la mascarada. «Es de las más guapas de Asturias. Está muy lograda y estuvo mucho tiempo olvidada», argumentaba. No le faltaba razón. Más de medio siglo estuvo sin celebrarse.

En Fonteta esperaban a 'Os reises' a mantel puesto para disfrutar una comida de hermandad con la que poner broche a una nueva edición de una mascarada ancestral.

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