Nos sentimos seguros

ANTONIO OCHOA

Nos explicaba el delegado del Gobierno hace poco que la tasa de criminalidad en nuestra comarca era menos de la mitad de la media de Asturias que, a su vez, es la mitad de la media española. Es, por supuesto, una buena noticia que influye favorablemente en nuestra calidad de vida y en la imagen que damos de cara al turismo.

No tengo duda de que el buen desempeño de los cuerpos de seguridad contribuye a este hecho y de que su cercanía al resto de los vecinos les añade motivación y les ayuda en sus investigaciones. Estoy seguro, también, de que nuestro entorno rural nos ha ayudado a conservar ciertos valores que en zonas más urbanas se han ido perdiendo y, probablemente, los indígenas seamos más respetuosos con lo ajeno y menos dados a la violencia. Pero existen otros motivos para este bajo número de delitos no tan positivos.

No nos roban más porque es poco rentable. Despistar a la Policía por las calles de Gijón requiere un conductor experto; hacerlo por la carretera de Genestoso requiere un genio. Una furgoneta con mercancías y un tractor con rollos de silo pueden tener el mismo valor, pero, entre escapar a cien con una o a treinta con el otro, hay diferencia (aparte de que nos olerían a kilómetros sin necesidad de perros).

Las zonas rurales están mayormente habitadas por jubilados de la Agraria y, dadas las 'increíbles' pensiones que cobran, si alguien intenta atracar a uno de ellos, debería estudiarse si enviarlo a la cárcel o a un centro especial. Un grupo de individuos en gabardina delante de un banco de Oviedo pasarían desapercibidos; junto a un banco de Tineo atraerían las miradas de todos los transeúntes.

Nuestras malas comunicaciones, falta de industrias, bajos ingresos y escasa población contribuyen también a protegernos de la delincuencia. Y, a veces, pienso que no me importaría sentirme un poquito (no demasiado) menos seguro y un poquito (no demasiado) mejor tratado en el reparto de la riqueza y los servicios.

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