Treinta abedules abren camino a la reforestación en Degaña

Nicolás, Ramón y Ángel plantan uno de los abedules para repoblar los montes de Degaña. / B. G. H.
Nicolás, Ramón y Ángel plantan uno de los abedules para repoblar los montes de Degaña. / B. G. H.

Cerca de setenta voluntarios acudieron al Alto del Capillo para reivindicar medidas que impidan los incendios forestales

BELÉN G. HIDALGO DEGAÑA.

Treinta abedules echan raíces frente a las montañas que hace treinta días ardían sin tregua ante la impotencia de los vecinos de Degaña. Ayer, alrededor de setenta personas se acercaron al Alto del Capillo para reivindicar una política forestal que contemple más medidas de prevención con las que evitar que se repita un desastre como aquel. «Se plantan abedules porque es una especie pionera que prepara el suelo para otras especies», explicó Víctor García, vecino de Tablao.

Y sin poder contener las lágrimas de emoción atinó a decir que los asistentes estaban «gratamente sorprendidos por la cantidad de gente» que había acudido. «Estoy muy emocionado por volver a ver a muchos de los que aquel día se acercaron y echaron una mano», añadió. Víctor García y parte de su familia salieron con batefuegos al monte para frenar el avance de las llamas que finalmente calcinaron un total de 1.950 hectáreas en el concejo.

Fue una convocatoria abierta y promovida a través de redes sociales por la asociación La Escuelina Rural, El Rincón Cunqueiru, Quei Vitorino y la Asociación Centro de Desarrollo Alto Narcea Muniellos con el objetivo de concienciar sobre el cuidado del monte. «Esto no puede volver a pasar. Hay que generar una actitud responsable ante la protección del medioambiente», reiteraba Sandra Flórez, miembro de la asociación La Escuelina Rural, antes de comenzar con la plantación. «Fue un día triste, que no salió el sol. Nos tiene que servir para que no se repita».

Grandes y pequeños, degañeses y foráneos, acudieron a manifestar con este gesto su repulsa ante los incendios. «No hay calificativos para describir cómo ha quedado todo», lamentaba Conchi Vega, que aún siendo de Villablino, conoció el lugar antes de ser calcinado. Afanados en la plantación se encontraban tres pequeños cangueses, cargados de las herramientas necesarias para plantar unos árboles que aseguraban conocer. «Al quemarse la montaña, los animales han perdido las casas, la comida...», explicaba Nicolás Gómez. Mientras, Ramón Liste relataba por qué se plantaban justo en esa zona: «No se pueden plantar donde se quemó porque hay poca tierra y se resbalan los árboles».

Desde Villarmeirín, en el vecino concejo de Ibias, llegó también un cerezo que han querido donar para contribuir a la causa.

Finalizada la plantación, Víctor García y Sandra Flórez quisieron agradecer a los voluntarios su apoyo. «Somos máquinas de construcción masiva», afirmaba Víctor, subrayando que con ese acto se ponía en marcha el renacimiento del «paraíso que nos quemaron». Sandra, por su parte, calificó el incendio como «delito ecológico» y reclamó mas medios para un rincón del paraíso «tal olvidado». Para subrayar ese olvido, tomó la palabra Enrique García, vecino de Tablao, que criticó al regidor, José María Álvarez Rosón, «por una vez mas no estar al lado de los vecinos. Es una pena», zanjó.

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