Once horas en canoa para llegar al médico

Estrella Diego, María Ángeles Prieto y Diego Carrera. / ÁLEX PIÑA
Estrella Diego, María Ángeles Prieto y Diego Carrera. / ÁLEX PIÑA

Tres enfermeros cooperantes hablan sobre su experiencia en República Dominicana y el Amazonas ecuatoriano

EUGENIA GARCÍA OVIEDO.

Las motivaciones personales pueden variar, pero para muchos enfermeros participar en un proyecto de cooperación en otro país y conocer diferentes culturas y realidades profesionales es una inquietud «inherente a la profesión». Aunque ese anhelo a veces pasa a segundo plano, nunca es tarde para dedicar tiempo a los demás. Así lo explicaron ayer Diego Carrera, María Ángeles Prieto y Estrella Diego en la jornada 'Enfermería y cooperación', organizada por la Fundación para el Desarrollo de la Enfermería (Faden), el sindicato Satse y la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo.

De su experiencia, que repetirán «seguro», los tres enfermeros extraen «una lección total de hospitalidad y humildad». Y, también, un aprendizaje vital sobre «los valores humanos realmente importantes».

El gijonés Diego Carrera pasó varias semanas de junio y julio de este año ayudando en el proyecto de cooperación enfermera que desarrolla Faden en el batey (asentamiento) Antoncí, de República Dominicana. Se estrenó en este campo con unas vacaciones solidarias en el mismo país, en 2015, y el año pasado hizo voluntariado en un campo de refugiados de Idomeni, en la frontera entre Grecia y Macedonia. «El beneficio de estas experiencias es total, tanto en el plano profesional como en el personal», aseguró.

La comunidad de Antoncí «es una población sin educación ni acceso a recursos básicos, por lo que cambiar costumbres tan simples como lavarse las manos no es sencillo», explicó. Así, la implicación de los líderes locales y los miembros de la comunidad resulta «fundamental para que los objetivos del proyecto se mantengan a largo plazo». Pero, defendió, la importancia de un cooperante «no es tanto el trabajo que realiza sino cómo lo hace: cómo tratamos a las mujeres, cómo cuidamos el medio ambiente... Es lo que marca la diferencia».

Coincidieron con sus palabras María Ángeles Prieto y Estrella Diego, quienes este verano pasaron varias semanas en un hospital del Amazonas ecuatoriano.

Ellas mismas se pagaron el viaje y, con el apoyo de un misionero de Villaviciosa afincado desde hace 45 años en Ecuador, se pusieron al servicio de un centro hospitalario «con una excelente atención primaria» que atiende a los indígenas de la zona, quienes «tardan once horas en llegar en canoa y no tienen ni alcantarillado ni agua corriente».

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