El Comercio

El segundo equipo del Cerro del Cuevón alcanza los 450 metros de profundidad

Un instante de descenso en la sima del Cerro del Cuevón, en Cabrales, del segundo equipo de la especión.
Un instante de descenso en la sima del Cerro del Cuevón, en Cabrales, del segundo equipo de la especión. / ANTONIO MARCOS
  • Las complejas condiciones en el interior de la cavidad y su prudencia han hecho avanzar más lenta la expedición científica

Temperaturas frías, un alto índice de humedad e importante presencia de agua en días de lluvia. Las condiciones que se ha encontrado el segundo equipo de la expedición del proyecto que el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), que está llevando a cabo para investigar los terremotos y las temperaturas en profundas cavidades, son complejas. Han sido duras jornadas de intenso trabajo, de entre 13 y 14 horas de duración, que han servido para demostrar que explorar la sima del Cerro del Cuevón, en Cabrales, no va a ser fácil. De hecho, los tres integrantes de este segundo descenso no han podido alcanzar el límite que se habían fijado, 545 metros bajo tierra. Han conseguido terminar su labor en 450.

El motivo no es otro que la prudencia de estos profesionales. En esta segunda inmersión eran tres personas las encargadas de avanzar en el proyecto: Raúl Pérez, científico del IGME; Antonio Marcos, bombero de la Comunidad de Madrid; y Bernat Escrivá, bombero del Consell de Ibiza. Todos coincidían ayer de vuelta a casa en que su campaña ha sido «muy buena», ya que los objetivos perseguidos, es decir, la colocación de los sensores receptivos que recopilarán la información para el estudio de la actividad sísmica, se han logrado. El problema está en las condiciones internas de la cavidad que, al contrario que otras, «no permite un descenso inmediato, hay mucho que trabajar para poder ir avanzando». Se trata ésta de la sima más profunda del país, con 1.600 metros de entrañas.

El científico Raúl Pérez se mostraba satisfecho. No negaba haber trabajado con condiciones duras pero, al mismo tiempo, explicaba que la ubicación de los receptores colocados hasta el momento es «optima» y, por ello, espera interesantes resultados. Además, este grupo ha emplazado también uno de los tres 'súper sensores' con los que cuenta el proyecto, «en un lugar que me gustó mucho». «Se trata de una zona alta, una grieta rellena de arcilla, donde la temperatura recogida va a ser muy precisa», detalló. Hasta el momento son 5 los dispositivos anclados a las paredes, todos ellos emplazados en lugares libres de caídas de agua, golpes o peligros por el tránsito de las personas que irán descendiendo en la cueva. La previsión es colocar «un total de 12», aunque no se descarta que pudiesen ser hasta 15 finalmente los utilizados. Todos ellos comenzarán a emitir a partir del 1 de septiembre. También se ha aprovechado para dejar instalados los sensores de Radon enviados por la Universidad de Cantabria, que estudiará la radioactividad.

Seguridad sobre todo

Lo que no se sabe es si, para entonces, habrá podido terminar el descenso por completo. Bernat Escrivá, experto espeolólogo, apuntaba ayer que esta campaña «no deja de ser una actividad de ocio en la que debe primar, sobre cualquier otro factor, la seguridad». «Instalar los anclajes de descenso y asegurarse de que queden bien sujetos ralentiza mucho el trabajo», explicó. Además también se están cambiando o reforzando los que ya existían desde las últimas exploraciones de la sima, quizá hace más de 10 años. «Durante al menos dos meses va a pasar por aquí mucha gente, por lo que debemos asegurar cada paso que demos».

Escrivá describió la cueva como «muy técnica». «No se gana profundidad rápidamente por lo que es necesario mucho material». Además cada uno de los espeolólogos porta una bolsa en la que lleva un bote estanco, que incluye un botiquín, ropa de abrigo y comida de poco peso «pero que a la vez reconforte». Y es que en las dos últimas jornadas de trabajo esta semana la lluvia hizo acto de presencia. «Constatamos que cuando llueve entra mucha agua en la cueva y terminados empapados, con lo que las condiciones de trabajo son muy malas», señaló. Cabe destacar que la temperatura interior está entre los 5 y los 7 grados y el índice de humedad es del 90%. La próxima semana serán Carlos Flores, padre del proyecto '17 picos+17 simas' -la vertiente deportiva de esta campaña científica-, y Jesús Álvarez, bombero de Toledo.