El Comercio

El Principado recuerda a las queserías de Cabrales la prohibición de verter sueros al saneamiento

  • «Deben disponer de un sistema de depuración», señala un informe de Medio Ambiente publicado

Las queserías de Cabrales «no podrán, en ningún caso, verter los sueros u otros residuos líquidos del proceso de elaboración a la red de saneamiento». Así lo ha recordado la Consejería de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente en el informe ambiental realizado al respecto de la modificación puntual de las normas subsidiarias de Cabrales, relativa a las condiciones urbanísticas aplicables a la ganadería extensiva y los almacenes e industrias de transformación. En este documento se indica que las queserías deben cumplir una serie de medidas, como es la de los vertidos. En este sentido se establece también que estas instalaciones «deberán disponer de un sistema de depuración de los sueros y otros vertidos liquidos, y disponer de autorización de vertido a cauce público». «De no ser así estos deberán gestionarse como residuos y entregarse a un gestor autorizado», añade el Principado.

También se indica en dicho informe que «queda prohibido el vertido directo o indirecto de aguas y de productos residuales susceptibles de contaminar las aguas continentales o cualquier otro elemento de dominio público hidráulico, salvo que se cuente con la previa autorización administrativa.

También se indica desde el Principado que aquellas industrias vinculadas al medio rural, ya sean almacenes o industrias de transformación de productos vinculadas a las explotaciones agrarias con una superfice máxima de 1.000 metros cuadrados y situadas en núcleos de población ubicados dentro del territorio del Parque Nacional de los Picos de Europa, deben contar con un informe previo perceptivo y vinculante de la Dirección del Parque Nacional.

El problema de vertidos que más ha trascendio a la opinión pública es el de Tielve. De hecho allí el pasado mes de mayo el Ayuntamiento remitió una serie de cartas a los queseros de la localidad en las que se les recordaba la prohibición de verter sueros a la red de saneamiento, una práctica que, pese a irregular, para una parte de estos profesionales se había convertido en habitual, según manifestó entonces el Consistorio