El Comercio

Criando truchas y reos desde 2002 y con instalaciones en propiedad

Los terrenos en los que un día el matrimonio Pasada hizo posible, con su cesión, que se levantase la piscifactoría de la Sociedad de Pescadores El Esmerillón ven salir al río cada año entre 160.000 y 200.000 alevines de trucha y reo. Se trata de un trabajo laborioso, desinteresado y al mismo tiempo «muy gratificante». Las instalaciones en las que crían de manera artificial a estos ejemplares desde el colectivo de pescadores del Sella son actualmente de su propiedad. «Se formalizó la compra este mismo año».

Allí se desovan los reproductores, se meten las nuevas crías en incubadoras especiales, se las pasa posteriormente a unos tanques donde empiezan a acostumbrarse al pienso y, finalmente, a otros estanques más grandes en los que cogen el tamaño adecuado para salir hacia el río. El proceso está controlado y supervisado por los guardas de Medio Rural. Los pescadores además, desde hace unos años, realizan el marcaje de todas las piezas para que más tarde, una vez lleven varios meses en el nuevo medio natural, se las pueda capturar y analizar su nivel de adaptación al mismo, habiendo nacido en cautividad.

No nacen en las aguas del Sella pero sí descienden de ellas. Los reproductores se capturan en las zonas altas y más puras del cauce, con el objetivo principal de garantizar que la especie autóctona se mantenga intacta, también ante cualquier amenaza que pudiera hacer posible su desaparición.

Cangas de Onís, Piloña y las peñamelleras cuentan también con pequeños criaderos de peces, similares a la nave parraguesa de El Esmerillón. Tanto estas como el resto de piscifactorías de la región realizan un apoyo imprescindible para la Administración, puesto que «de no ser por estos cuidados y el volumen de alevines que conseguimos las sociedades, para la consejería sería impensable poder desarrollar este tipo de actuaciones a tan alto nivel», subrayaban los ribereños del Sella.

En la zona del Oriente, repartidos por varios ríos, se soltaron este año 230.000 alevines de trucha entre la Consejería de Desarrollo Rural y El Esmerillón. Las últimas salieron con rumbo al río Ereba, en Nueva de Llanes, este pasado jueves. Las instalaciones parraguesas no cuentan con capacidad para más de 200.000 ejemplares al año. Las últimas en liberar fueron alrededor de 5.000.

Las bajas, que desgraciadamente es inevitable que las haya, se justifican igual o incluso más. Se pesan los ejemplares muertos, se congelan y la empresa Proigrasa pasa puntualmente a recogerlos. De todo ello además se pasa cuenta al Principado por escrito.