El Comercio

La avellana no llegó a su festival

El alcalde y el director general charlando con las hijas de la cosechera ganadora, frente a sus últimas avellanas.
El alcalde y el director general charlando con las hijas de la cosechera ganadora, frente a sus últimas avellanas. / N. A.
  • «Este año nadie se quejó por el precio, había mucha demanda y poco género», destacaban los cosecheros en el certamen de Infiesto

  • La escasa cosecha en Piloña provocó que el producto se terminase antes del mediodía

Fue un visto y no visto. Como era de esperar, la tonelada de avellana que ayer se ponían a la venta en el Festival de Infiesto no duró mucho sobre los mostradores. A primera hora de la mañana, mientras los vendedores se ubicaban en sus puestos, los primeros compradores ya se apresuraban a adquirir el producto. Se conocía que la cosecha había sido escasa y nadie quería quedarse sin probarla. De tal forma, para antes de las diez de la mañana ya era prácticamente imposible adquirir avellana de Piloña, aunque aún quedaban algunos kilos de otras zonas, como Amieva, Cangas de Onís o Laviana.

Según avanzaba la mañana, el grueso de los visitantes fue repartiéndose por la villa de Infiesto que ayer, como ocurre todos los años, se convirtió en un gran mercado. El bullicio bajo la carpa del Festival, en la plaza del Mercado, se entremezclaba con algunos comentarios de decepción por la escasez del fruto.

Isolina Lobeto, de Espinaréu, señalaba que prácticamente no le había dado tiempo a colocar las bolsas sobre la mesa, «porque nos las compraron todas rápidamente». En el resto de puestos de avellanas de Piloña la situación era similar. En la mesa de Petri Flores, de Les Cueves, tardaron un poco más en acabarse los frutos debido a que fue, probablemente, una de las que más lograron recoger. De todas formas, señalaba que «este año nadie se quejaba por el precio del kilogramo, había mucha demanda y poco producto».

Desde la plataforma por la conservación de este cultivo, denominada 'Gabitu', se había advertido en los últimos años de las consecuencias negativas que la falta de relevo en el cultivo de la avellana y en los cuidados de las ablanares podrían tener para las cosechas. Este año, además, se han añadido factores climáticos nunca vistos hasta la fecha. Una de las preguntas del festival era precisamente esta: ¿está en riesgo la producción avellanera y, por tanto, el mismo evento?.

El alcalde de Piloña, Iván Allende, en compañía del director general de Recursos Naturales, Manuel Calvo, realizaba un recorrido por el recinto, recabando algunas opiniones de los cosecheros, ya ante unos puestos de venta vacíos. El primer edil aprovechó su intervención para solicitar al Principado que continúe la apuesta «por este medio rural que tenemos, con esos grandes contrastes entre montaña y costa» y resaltó que Piloña es un concejo «que necesita apoyo para su extenso medio rural, para su ganadería y agricultura, porque cada vez menos gente joven se incorpora». Para que este relevo sea constante y los jóvenes sigan apostando por las labores tradicionales de sus mayores, Allende solicitó «apoyo desde todos los sectores, para que el mundo rural sea rentable y este trabajo más reconocido, algo que ocurre en otros países, como Francia, pero que aún no ha llegado aquí en igual medida».

Manuel Calvo, por su parte, agradeció al Consistorio y a los productores que hagan posible esta cita avellanera, destacando que «Piloña es un referente en el medio rural y no sólo por el festival, sino también por sus grandes recursos». La situación de escasez de este año la achacó a distintos factores como «la condiciones medioambientales, el adelanto de la floración o la vecería, tan habitual en estos cultivos», pero mostró su convencimientos de que el próximo año «será mejor y los compradores podrán llevarse más».

El pregón del certamen corrió a cargo de Román Benito, presidente del certamen de fotografía 'Memorial María Luisa'. En su intervención trazó un recorrido por el origen del prestigioso certamen fotográfico, recordando el fallecimiento de la montañera María Luisa Álvarez, «en un desgraciado accidente de montaña, cerca de Espinaréu, en el Peñón de Les Travieses». En su nombre se lleva este memorial por todos los rincones del mundo, «contribuyendo a difundir el concejo de Piloña y Asturias».

«Tenemos el privilegio de vivir en una tierra única, con un paisaje y una diversidad difíciles de encontrar» añadió, afirmando que «nos hemos ganado a pulso la fama de ser un pueblo trabajador, acogedor y hospitalario y que la belleza de nuestros valles, nuestros ríos, nuestros bosques, nuestra costa, nuestra fauna y también la de nuestras montañas, que queda internada en el sabor y calidad de los frutos que nacen en estos lugares, algo que probablemente también los conviertan en productos únicos».

«140 o 160 kilos»

Tras el pregón dio comienzo la entrega de premios, donde la cosechera Petri Flores se hizo con el galardón más preciado, por la calidad de su fruto. Petri, junto con sus hijas Yoli y Rocío, que se encargan de la venta, toma parte desde hace un cuarto de siglo en las diferentes ediciones del certamen avellanero. Este año ha sido una privilegiada, puesto que sus ablanares han sido de las pocas que han mantenido un buen nivel y ha logrado obtener entre «140 y 160 kilogramos».

Otro veterano, Alberto Luarca, de 82 años vecino de EL Pedrosu, se hizo con un doble reconocimiento: por un lado se le premió por el mantenimiento de las plantaciones y por otro por ser el cosechero de más edad. En repostería casera y artesana, el galardón fue para Inés Pérez Canal, mientras que en repostería industrial venció la empresa Príncipe Escanciador. En el apartado de artesanía sobresalieron Valentín Santos Vena, en talla en madera; Francisco Ramón Sánchez López, en arquitectura en miniatura; y Susana Sánchez Huerta, en cerámica, cuero y manualidades. El premio a la presentación correspondió a José Alonso y, finalmente, el galardón a la cosechera de menor edad correspondió a la niña Carmen Rodríguez Longo.