El Comercio

Las garzas colonizan la ría del Sella

Decenas de garzas en el arce común del Malecón que han elegido como morada.
Decenas de garzas en el arce común del Malecón que han elegido como morada. / NEL ACEBAL
  • Los ornitólogos riosellanos aseguran que su población se ha duplicado este otoño

  • Más de medio centenar de estas aves han elegido un arce situado en el Malecón para convertirlo en su particular dormitorio

Los primeros días del otoño han dejado múltiples y bonitas estampas en el estuario del Sella. Instantáneas que los aficionados a la fotografía capturan uno y otro día. Es para algunos la estación más fotogénica del año. Los amaneceres, los crepúsculos, las mañanas de niebla o la caída de la hoja se suceden constantemente. Los bosques de ribera adquieren tonalidades sorprendentes y los árboles frondosos perennifolios se entremezclan con los de hoja caduca. Estos parecen muertos, pero a su vez están llenos de vida.

Eso es lo que le ha ocurrido a un arce común del Malecón de Ribadesella. Una vez despojado de sus hojas, inerte a la llegada del invierno, se ha convertido en zona de dormitorio para una bandada de garzas que, a día de hoy, supera el medio centenar de ejemplares. Al atardecer comienza el espectáculo. Poco a poco van llegando y ocupando su sitio. Siempre el mismo. Y si alguna nueva inquilina se adelanta y se ubica en una rama arrendada surgen las peleas. Los vecinos próximos al Malecón tienen diversión asegurada.

Nunca antes habían presenciado un espectáculo natural tan de cerca. Así lo aseguran quienes llevan más de veinte años residiendo junto al humedal riosellano, desembocadura del río San Pedro. La garceta común y la garcilla bueyera siempre han visitado la zona, siempre se han dejado ver por el estuario del Sella, pero nunca en las dimensiones actuales. Los ornitólogos del concejo solo habían contado hasta máximos de dos decenas. Pero este año superan el medio centenar y la colonia parece que va en aumento.

Comida suficiente

Esta es su época de migración. Los meses de septiembre y octubre se desplazan de norte a sur en busca de climas cálidos, pero las altas temperaturas de estos primeros compases del otoño las han dejado descansar en Ribadesella, donde han encontrado comida suficiente. Desde pequeños peces y anfibios para la garceta común hasta insectos, arácnidos o lombrices para la garcilla bueyera, una especie que suele acompañar en los campos al ganado, de ahí su nombre. Lo que de momento descartan los ornitólogos es que alguna de las dos subespecies llegue a criar en el concejo. Sin embargo, lo que ya nadie puede negar es que la garza sigue colonizando el Malecón de Ribadesella.