El Comercio

Pastor, «especie en extinción»

José Antonio Posada cuida del ganado en los pastos de Vega Maor, en Onís.
José Antonio Posada cuida del ganado en los pastos de Vega Maor, en Onís. / E. C.
  • El Certamen del Gamonéu en Onís premia la labor de José Antonio Posada y Paulino Alonso, que critican las dificultades de hoy en día

El XXXVII Certamen del Queso Gamonéu que se celebra mañana en Benia de Onís premiará, entre otros, la labor de dos pastores y elaboradores: José Antonio Posada, todavía en activo, y Paulino Alonso, que se retiró hace una década. Ahora enseña el oficio a su nieto, José Luis Alonso, natural de Intriago, quien con 21 años compagina sus estudios con el pastoreo de su ganado -50 cabras, 95 ovejas y 5 vacas- en la Vega de Ubardón. El joven quiere seguir los pasos de su abuelo tras la concesión de una quesería en la majada de Vega Gumartini con la que en el 2017 competirá en este certamen al estar inscrito en el Consejo Regulador. «Es el más joven que pisa puerto», dijo su abuelo.

Paulino Alonso es un «pastor retirado» muy conocido en los Picos de Europa. Vive en Sogaedo de Cangas, uno de los barrios de Gamonéu de Arriba. Empezó «de crío» y; aunque siempre hizo queso (primero de Los Beyos), advierte de que «antes no había todos estos certámenes». Sin embargo, dice que «no es tan fácil hacer queso ahora. Yo lo abandoné por los lobos y ahora estamos muy hartos ya». Alonso, que enseñó a su nieto, sabe que «son nuevos tiempos». Sin embargo, los problemas ahora, según confiesa, son mayores porque ser pastor «es un oficio muy duro».

La misma opinión comparte su compañero de galardón, José Antonio Posada, vecino de La Robellada, que aunque «ya paso de los 50» sigue en activo. Está muy satisfecho porque «nunca me habían dado ningún premio» y ve como «una recompensa» que su pueblo le reconozca el buen hacer y su mano para elaborar estos manjares.

Además, agradece esta distinción porque «llevamos una vida muy dura, pero los queseros como yo ahora somos una especie en peligro de extinción, estamos acabados». José Antonio convive con más de un centenar de ovejas y cabras y más de 60 vacas. Este año dedicó casi un mes y medio a elaborar los quesos que después seca en su cueva de Picos. «Del 15 de junio al 25 de julio hago entre tres y cuatro kilos al día. Ya lo hacía mi abuela, Manuela Asprón, y mi padre pero ahora ya se acabó. Estoy soltero y sin compromiso y, aunque me fastidia desistir, voy a tener que dejarlo. Lo hago como se hizo toda la vida», detalla.

¿Su secreto? «El queso Gamonéu tiene que ser del helecho para arriba, cuanto más alto se seque mejor. Y tengo una buena cueva para ellos, con respiraderos, a 1.500 metros. Por eso es bueno porque el ganado come buen pasto y da buena leche», señala. Sin embargo, este año le está atormentando el lobo. «Viene hasta de día, no los ves. Hay bastantes y no podemos dejar solo al ganado. Estamos muy desprotegidos».

El certamen también premiará a Javier Caso, de la TPA, y al periódico El Fielato.