El Comercio

Mucha gente y menos flores en los cementerios

Ribadesella. El camposanto de Ribadesella fue un ir y venir de familias durante toda la jornada.
Ribadesella. El camposanto de Ribadesella fue un ir y venir de familias durante toda la jornada. / NEL ACEBAL
  • La subida del precio de los centros y la menor floración en los jardines particulares hizo que las tumbas luciesen menos coloridas que en años anteriores

  • Los camposantos de la comarca reunieron a familias enteras que honraron a sus difuntos

Los vecinos del Oriente asturiano vivieron ayer una jornada de recuerdo en honor a sus difuntos. Las iglesias y camposantos de los catorce concejos se quedaron pequeños para acoger a familias enteras reunidas para la ocasión en torno a la memoria de los caídos. Fue una jornada solemne, de sentimientos encontrados, que, pese a alguna regulación en materia de tráfico, transcurrió con total normalidad y sin grandes aglomeraciones. Hubo visitas constantes y repartidas, una estampa que se repitió en todos los concejos de la comarca. Este año se notaron menos flores, debido, en parte a la subida del precio en las floristerías respecto a otros años, y también porque los jardines particulares no han florecido tanto este año como en ejercicios pasados.

En Llanes, el cementerio municipal de Camplengo pese a sus grandes dimensiones fue un ir y venir de feligreses ya desde primera hora de la mañana aunque la misa se celebró por la tarde. Los vecinos habían adecentado los panteones, nichos y tumbas en tierra días atrás para que éstas lucieran el día de Todos los Santos en su máximo esplendor. La Policía Local, para facilitar el acceso al cementerio, impuso un operativo especial a partir de las dos y media de la tarde hasta la finalización de los actos. Los vehículos tuvieron que acceder al cementerio a través de la circunvalación y glorieta de Camplengo y los peatones pudieron hacerlo por la calle La Estación y barrio de San José, restringidos al tráfico de vehículos.

En Niembro, la estampa fue muy similar. La homilía religiosa finalizó a la una y media y los asistentes se dirigieron al cementerio para, como es tradición, depositar flores en las tumbas de sus seres queridos. Las orillas de la carretera, zonas colindantes y las cunetas fueron utilizados de «improvisados» aparcamiento. En este camposanto, se formó un corrillo de mujeres que aprovecharon la salida de misa para comentar la escasez y la subida de las flores. «Siempre compramos centros, mejor que claveles sueltos, pero nos dijo la florista habían subido el precio porque había muy pocos».

Grandes concentraciones de visitantes también en los cementerios de Ribadesella, Cangas de Onís, Arriondas e Infiesto, en Ferreros. Sobre todo, a mediodía, tras las tradicionales celebraciones litúrgicas. El sentir general es que la celebración de Todos los Santos, «es un momento de gran intimidad. Un día para volver a recordar a los que ya no están», en referencia a los seres queridos que ya no están.