El Comercio

Adiós a una empresa centenaria

Agustín González Bulnes, el último propietario de Vinos Agustín, empresa centenaria de Ribadesella que acaba de echar el cierre.
Agustín González Bulnes, el último propietario de Vinos Agustín, empresa centenaria de Ribadesella que acaba de echar el cierre. / NEL ACEBAL
  • La compañía riosellana inició su andadura en 1908 de la mano del leonés José González, abuelo del último propietario

  • Vinos Agustín ha cerrado sus puertas al no encontrar relevo para mantener su actividad

Ribadesella dijo adiós esta semana a una de sus carismáticas empresas centenarias. Vinos Agustín C.B. cerraba sus puertas el lunes 31 de octubre de 2016 tras la jubilación de sus dos últimos propietarios, el matrimonio integrado por María Asunción Palacios Martínez y Agustín González Bulnes. Ellos fueron los encargados de dirigir la embotelladora de vinos y distribuidora de bebidas a lo largo de los últimos cincuenta años. Una empresa familiar que, nacida a principios del siglo pasado y después de tres generaciones no encontró el necesario relevo para continuar con su actividad. Su único hijo tomó otros vuelos. Se licenció en Geografía y hoy en día trabaja en Dubai como tripulante de cabina en la compañía Fly Emirates.

La historia de Vinos Agustín comienza en 1908, cuando el mundo aún viajaba en carreta y José González Fernández, un leonés abuelo del actual propietario, decidía abrir un almacén de jamones, cecina y paja en Ribadesella. Natural de Redipuertas, un pueblo de La Vecilla, este mercader se dedicaba al transporte en carruaje de esos productos a través de la Senda del Arcediano. Aquel año le compra un edificio entero a un indiano, destinando la parte trasera a almacén y la delantera a un local expendedor de bebidas, el histórico Bar Sevilla.

Con el fin de cubrir las necesidades que exigía el negocio hostelero, enseguida se inició en la comercialización del vino. Entre ellos tintos de Jumilla, Tierra de León y Toro, así como blancos de Nava del Rey y «otro procedente de La Mancha, de mas baja graduación, al que llamaban vino de guisar», cuenta Agustín González. Por aquel entonces, los bocoyes de vino llegaban al mismo puerto en ferrocarril y una vez en el almacén se pasaban a corambres, «unos pellejos de oveja recubiertos de pez en su interior que se adquirían en Covarrubias, un pueblo de la provincia de Burgos», narró. Eran tiempos en los que apenas existía el embotellado de vino. Este se limitaba a la reutilización de otras ampollas de licores. Con el tiempo, llegó la cerveza y el almacén de José González consiguió la representación de La Estrella de Gijón, propiedad de la familia Suardíaz con fábrica en El Natahoyo. Fallecido el fundador, la empresa se subdividió entre sus dos hijos. Sergio se quedó con el Bar Sevilla y una pequeña fábrica de conservas que la familia tenía en el muelle riosellano. Agustín asumió la gestión del almacén, ampliando su actividad a sifones y gaseosas e incorporando más tarde las colas. Fue representante de la Pepsi-Cola que se fabricaba en La Corredoria. Más tarde llegaría la tónica y en este tiempo se importó un camión procedente de los Estados Unidos y «se inició el embotellado de vino sin etiquetar y de refrescos a base de un extracto de jarabe y carbónico».

En 1967 fallece Agustín padre y son su mujer, María del Pilar Bulnes Sánchez ,y su hijo menor quienes cogen las riendas del negocio. En la tarea también cuentan con la ayuda y colaboración de José, el mayor de los hermanos, empleado de banca de profesión. Tras la jubilación de María del Pilar, es el benjamín de la familia, Agustín hijo, quien se hace cargo del almacén junto a su mujer María Asunción. Un matrimonio que moderniza la empresa, primero con trenes de lavado y embotellado de 600 botellas a la hora, y más tarde con otros que llegaban a las 3.000 botellas con etiquetado, corchado y capsulado. Hasta el día de su cierre, Vinos Agustín comercializaba cuarenta marcas de vinos y distribuía una amplia variedad de cervezas nacionales (San Miguel) y de importación, además de aceites y cafés entre otros productos. Desde el pasado lunes, este centenario almacén ya forma parte de la memoria industrial riosellana.