El Comercio

El surf llora a Perico Alonso

Perico Alonso sonríe tras una sesión de surf.
Perico Alonso sonríe tras una sesión de surf. / Fotos: Nano Rodríguez
  • Los pioneros que introdujeron este deporte en Ribadesella con él recuerdan su figura

  • Las primeras tablas llegaron al concejo en 1971 de la mano de Nano Rodríguez y el fallecido fue de los primeros en enamorarse del placer que produce surfear las olas

La traumática e inesperada muerte de Perico Alonso Cañedo, uno de los pioneros del surf en la playa de Ribadesella, aún mantiene apenados a todos cuantos le conocieron y aman este deporte. Y no es para menos, porque el romance de este leonés de origen con las olas de la playa de Santa Marina no ha sido corto. Comenzó en 1971, cuando Nano Rodríguez trajo las primeras tablas al arenal riosellano. En torno a ellas se creó una pequeña pandilla de jóvenes dispuestos a convertir el surf en su estilo de vida. Un reducido grupo de locos surferos del que formaban parte Perico Alonso, los hermanos Javier y Nacho Taboada y los también hermanos Javier y Nano Rodríguez. «Éramos cinco los que nos metíamos al agua y en ocasiones nos acompañaba Manolo Jáuregui, un chaval de Madrid que tenía casa en Colunga», recuerda Nano Rodríguez.

Esta pandilla de veinteañeros se pasaba los días buscando olas en las playas de Vega y Santa Marina fundamentalmente, aunque también en otros arenales de Asturias e incluso de mas allá del Atlántico. En 1979 organizaron un viaje a Los Angeles (California) para conocer una de las cunas de este deporte y subirse a la cresta de las enormes olas del Pacífico. En aquella aventura juvenil también les acompañó Manolo Alvarez, 'Trompy', fallecido hace dos años en Costa Rica. Eran «cuatro gatos» que transpiraban felicidad por todos los poros de sus bronceadas pieles. Y es que en aquellos años el veraneo duraba de dos a tres meses, que los pasaban a pie de playa. Perico Alonso pertenecía a una de esas familias de veraneantes que adoptaron el surf como diversión, hasta convertirlo en un medio de vida. La casa familiar en la playa de Santa Marina, es hoy en día la sede del campamento surfero que dirige su hijo Guillermo Alonso.

La playa de Santa Marina, donde Perico Alonso perdió la vida este miércoles, nunca fue un arenal peligroso para la práctica de este deporte. «Todo lo contrario», afirma Nano Rodríguez. «Tiene una pequeña corriente cuando baja el río, pero nada más, ni rocas ni cosas raras. Pero al mar hay que tenerle respeto, porque cuando salen olas grandes te pueden dar un revolcón y dejarte bajo el agua sin respiración durante un rato. Siempre se suele salir, pero te puede dar un buen susto», añade este veterano surfista. Cree que a su amigo le pudo pasar algo, «porque andaba un poco mal de la tensión». Descartó un golpe de la tabla, «porque este no te suele dejar ko». La autopsia confirmó que fue víctima de un infarto.

Salvó a numeroso bañistas

Muchos en Ribadesella recuerdan a Perico Alonso, porque ayudó a salir del agua a bañistas que lo estaban pasando mal por efecto del oleaje. Cuando la playa de Santa Marina carecía de un servicio de salvamento adecuado, eran los surfistas los primeros que llegaban al lugar del incidente y Perico intervino en más de una ocasión. Como recordaban otros vecinos, su figura formaba parte del paseo marítimo de Ribadesella. Era omnipresente tanto en este como en el paseo de la Grúa, dando rienda suelta a su segunda pasión, la fotografía. Buena parte de los últimos años de su vida los pasó inmortalizando los tubos y maniobras que su hijo y el resto de surfistas realizaban a diario sobre las olas de la playa de Ribadesella. Se le echará de menos en un arenal en el que la práctica del surf se ha multiplicado por cien a lo largo de la última década. El funeral de despedida será esta tarde a las 16 horas en la iglesia parroquial Santa María Magdalena de Ribadesella.