El Comercio

Un sueño de arena de mar

Jean François Aillet recoge arena de la playa de Santa Marina, donde estuvo hace unas jornadas.

Jean François Aillet recoge arena de la playa de Santa Marina, donde estuvo hace unas jornadas. / N. Acebal

  • El francés Jean François Aillet ha recorrido la comarca recogiendo muestras de sus playas para incluirla en una escultura

Jean François Aillet comenzó su periplo por toda Europa hace diez años, cuando decidió ponerse en marcha y recorrer caminando miles de kilómetros desde Normandía, el lugar en el que tiene su casa, y teniendo como punto final en cada ocasión, la localidad gallega de Muxía, a la que siempre vuelve. Esta vez, decidido emprender de nuevo su camino para después regresar, abandonó Muxía el pasado dos de octubre y estos días ha recalado en Ribadesella, donde ha permanecido descansando durante dos días, para después cruzar el concejo de Llanes.

No es Jean François el tipo de persona al que uno suele encontrarse habitualmente: este ingeniero industrial y escultor, soltero y sin hijos, decidió en un momento determinado de su vida, que haría «el resto de su camino andando» y, movido «por los vínculos celtas» que unen su Bretaña natal con Galicia no descarta, algún día, «quedarse en Muxía».

Pero antes de esa decisión final, la intención de Aillet es hacer muchos miles de kilómetros más recogiendo, en este caso, arena de las playas más significativas de aquellos pueblos y ciudades por los que pasa. En una bolsa, bien atada ya para que no se escape ni un solo grano, se llevó de Ribadesella arena de la playa de Santa Marina, que se unirá a los cientos de muestras que ya tiene y que, salvo imprevistos, enviará al espacio gracias a un proyecto que comparte con un amigo astronauta.

A lo largo y ancho del mundo, son cientos las personas que recogen para Jean François Aillet arena de sus playas. Así se puede ver en un libro que él mismo ha editado y en su página web, www.aillet.com, donde ha reflejado también otro de sus grandes objetivos: construir una escultura, con la base asentada en el mar, de cincuenta metros de alto, en la que incluiría,en este caso, siete mil muestras de arena de playa, tanto de las que le hacen llegar sus amigos y conocidos como las que él mismo va recogiendo a lo largo de sus distintos recorridos como caminante y que, por ahora, están a buen recaudo en su casa de Normandía.

Desde Ribadesella, su ruta continúa ahora hacia «Estocolmo, el Vaticano, Cerdeña, Mallorca, Valencia, Madrid, Salamanca, Santiago, Finisterre» e, inevitablemente, «Muxía», a donde espera llegar otra vez en aproximadamente año y medio «o algo menos» y quién sabe, si esta vez será ya para quedarse. Ni el propio Aillet tiene aún la respuesta a esta pregunta.