El Comercio

Cien años del sueño de un visionario

  • El impulsor de la norma fue Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa, y los Picos de Europa y Ordesa fueron los primeros espacios protegidos

  • Los Parques Nacionales celebran el centenario de la ley que ampara a estos parajes

El 8 de diciembre de 1916 se publicaba la primera Ley de Parques Nacionales del país, una norma pionera en el viejo continente e inspirada en la regulación que ya se estaba aplicando en los espacios protegidos de Yellowstone o Yosemite, ambos en Estados Unidos. Su impulsor en España fue Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós, marqués de Villaviciosa y uno de los personajes más polifacéticos de las primeras décadas del siglo XX.

Empresario, cazador, conservacionista, político o deportista -suya fue la primera medalla olímpica ganada por España en los Juegos de París de 1900 y también la primera ascensión al Urriellu en 1904 en compañía del El Cainejo-, destacaba por su arrolladora personalidad y por su entusiasmo. También por su pasión por la naturaleza. Fue este amor el que le llevó a viajar a Estados Unidos para documentarse y visitar los primeros parques nacionales del mundo.

Con esa experiencia regresó a España y en junio de 1916 pronunció en el Senado un memorable discurso en defensa de estos espacios protegidos que aún hoy es recordado. Su propuesta no recibió ni una sola alegación y seis meses después fue publicada la ley que protegería a los lugares de mayor valor ambiental del país. Pedro Pidal tuvo muchos sueños, pero el de garantizar la conservación de la naturaleza para las generaciones futuras fue uno de los de mayor relevancia para el futuro.

Dos años después de la publicación de la ley, en 1918, se declararon los primeros Parques Nacionales del país, el de la Montaña de Covadonga (actuales Picos de Europa) y el de Ordesa (Pirineos). Una lista que se ha incrementado desde entonces hasta alcanzar los quince actuales.

Para conmemorar el centenario de la entrada en vigor de la Ley de Parques Nacionales todos estos espacios protegidos celebraron ayer un acto simultáneo en el que descubrieron una placa conmemorativa de dicha efeméride. En el caso de los Picos de Europa el acto fue, si cabe, un poco más emotivo.

Se realizó en el centro de interpretación que lleva el nombre del impulsor de estos parques y acudieron cerca de una decena de los descendientes de Pedro Pidal. Uno de ellos era su biznieto Alejandro Pidal, quien destacó el «carácter tenaz» de su bisabuelo, el cual permitió que esta ley saliese adelante y al concienciar a la clase política de entonces de la importancia de conservar los principales enclaves naturales del país. También apuntó que su antepasado, además de un enamorado de la naturaleza, lo era también de la caza, dos actividades que compatibilizó. «Que después de 100 años se puedan conservar estos paisajes por la ley impulsada por Pedro Pidal es algo que enorgullece a su familia», manifestó.

Por su parte la consejera de Desarrollo Rural, María Jesús Álvarez, destacó que fuese «un asturiano preclaro quien supo hacer ver la importancia de la conservación» con el impulso de esta norma. Pero también aprovechó el acto para «rendir homenaje» a otras personas que han vivido y mantenido el Parque Nacional de los Picos de Europa durante el último siglo, en especial a los pastores y queseros. «El gran desafío es compatibilizar el conservacionismo y el desarrollo económico de la zona. El gestionar un parque nacional es un desafío constante», confesó la consejera. Álvarez aseguró que desde el Principado se «insistirá en la importancia de mantener los espacios naturales» de gran valor medioambiental para que los disfruten también las generaciones futuras.

La dirigente regional se hizo eco también de unas palabras de Pedro Pidal, quien dijo que con la ley buscaba «proteger el reino encantado de los rebecos y las águilas», que para él tenía como lugar favorito el mirador de Ordiales, donde descansan sus restos mortales desde 1949, siete años después de su muerte, tras ser llevados hasta allí por montañeros y amigos de la familia.