El Comercio

Los ayuntamientos de Ribadesella y Caravia rechazan la planta de mejillones

  • Temen los efectos negativos que pueda tener sobre las playas y los acantilados de estos concejos y sobre la actividad pesquera

Los ayuntamientos de Caravia y Ribadesella rechazan la planta de mejillones que se quiere instalar dos kilómetros mar adentro del Arenal de Morís, frente a Punta Escalar, en el límite entre estos dos concejos del Oriente. El Consistorio de Caravia ha celebrado un pleno en el que los concejales de los cuatro partidos con representación municipal (PP, PSOE, Foro e IU) han votado en contra de la implantación de este cultivo marino en ayuda del concejo.

Este rechazo se debe a varios motivos. En primer lugar le llama la atención a este ayuntamiento que se quiera colocar la planta de cría de mejillones en aguas de este concejo, cuando no tiene tradición marinera y el proyecto de la empresa Mar Abierto cuenta con la participación de la Cofradía de Pescadores de Lastres. Y recuerdan que la iniciativa ya ha sido rechazada ya por «Luarca, Gijón y Villaviciosa».

El Ayuntamiento de Caravia duda además de que la iniciativa se justifique desde un punto de vista económico ya que, aunque en el proyecto se solicita ocupar una superficie de 36 hectáreas, en el estudio de viabilidad se indica que se deben ocupar, al menos, 40,26 hectáreas para que sea rentable. El propio proyecto califica la propuesta de «inversión arriesgada». La alcaldesa de Caravia, la popular Salomé Samartino, indica que la superficie que quedaría ocupada por la instalación equivaldría a la de «40 campos de fútbol».

Desde este Consistorio se estima además que el Estudio Preliminar de Impacto Ambiental vinculado a este proyecto es «claramente insuficiente». Y lo considera así porque «todos los aspectos analizados son negativos» y porque no se detallan las consecuencias que dicho impacto negativo puede tener sobre la costa del concejo. La alcaldesa recuerda que el de Caravia es un concejo eminentemente turístico y que sus playas atraen todos los años a miles de personas. Teme este ayuntamiento que la instalación tenga incidencia sobre los arenales y sus ecosistemas o los pedreros y acantilados del concejo con motivo del desove de los mejillones la invasión de larvas, los residuos que generen las cosechas o los excrementos de estos moluscos. Todo ello puede afectar a las calidad de las aguas de Caravia y generar un importante impacto visual, teme el Ayuntamiento. A esto se suma la vocación turística del concejo y el importante rechazo social que ha generado en diferentes sectores del municipio.

Cofradías de pescadores

Desde el Ayuntamiento de Ribadesella su alcaldesa, Charo Fernández Román, avanza que este consistorio va a alegar contra la instalación de esta planta de cría de mejillones, como también van a hacer la cofradía local y la Federación de Cofradías de Pescadores de Asturias. «Existe una alarma generalizada entre los pescadores de Ribadesella y de toda Asturias con esta instalación. Es un sector que ya tiene sus problemas y esta planta puede agravarlos», indica la regidora. Y es que, además de los efectos que pueda tener, la instalación conlleva acotar a la actividad pesquera una superficie notable.

Fernández Román también señala que «una marejada grande puede acabar arrastrando tubos de plástico u otros elementos de la planta a la playa de Vega, que es un ecosistema protegido». También apunta la regidora que los mejillones cultivados pueden afectar a las especies de marisco que crecen en los acantilados riosellanos, como son los percebes o los ya maltrechos oricios.

La alcaldesa también considera que la instalación puede tener un efecto negativo sobre el turismo y teme los posibles impactos que pueda generar en la costa riosellana. Critica además el estudio de impacto ambiental realizado, el cual califica de «flojo». Y asegura que «llama la atención que si lo impulsan también desde la cofradía de Lastres, se vaya a poner en aguas de Caravia».

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